Obligado por el éxito de la versión original de 1942 de «La marca de la pantera», el productor Val Lewton aceptó el pedido de la RKO de rodar una secuela del legendario film con Simone Simon, la estrella francesa fallecida la semana pasada. La secuela escapó a todo convencionalismo, apuntando más a la fábula fantastica sobre la distorsión del punto de vista infantil, sin tono de terror sino de fascinante cuento de hadas para adultos con matices vanguardistas. Si esta fantasía de misterio sigue siendo extremadamente original e imprevisible, es difícil darse una idea de lo audaz que era en su tiempo. La trama muestra a Simon en el papel de la la mujer pantera Irena Dubrovna, o mejor dicho, como su espectro que vuelve de la tumba para entablar una inocente amistad con una niña, hija de Kent Smith, su marido en el film original. Robert Wise debutó brillantemente como director con este film de culto que maneja sutilmente el límite entre lo sobrenatural y lo imaginario. D.C.
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