Murió ayer Sven Nykvist, considerado uno
de los más grandes fotógrafos del cine mundial.
Al lado, junto con Ingmar Bergman,
durante el rodaje de «Fanny y Alexander».
Estocolmo (EFE y Especial).- El director de fotografía sueco Sven Nykvist, considerado el mayor artista en su especialidad en el siglo XX, murió ayer tras una larga enfermedad a los 83 años. Su hijo, Carl Gustaf Nykvist, informó ayer de su fallecimiento a la agencia sueca TT. A Nykvist, entre tantas otras obras, se le debe la creación de la estética fotográfica de la etapa más importante del cine de Ingmar Bergman: sus contrastes naturales en blanco y negro, sus profundos y expresivos primeros planos, más tarde sus colores mates y dulces.
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Nykvist nació en Moheda, al sur de Suecia, en 1922, realizó estudios en la Escuela de Fotografía de Estocolmo, e inició con «Noche de circo», (1953) su estrecha colaboración con Ingmar Bergman, que se prolongaría durante cuatro décadas.
Entre las obras maestras de Bergman que fotografió Nykvist se cuentan nada menos que «La fuente de la doncella» (1960), «El silencio» (1963, donde aplicó criterios expresionistas), «Persona» (1966, en la que se valió del llamado «sol de medianoche»), «Vergüenza» (1968), «Gritos y susurros» (1972) y «Fanny y Alexander» (1982), ganadoras estas dos últimas del Oscar de la Academia. También fotografió «Cara a cara», «La flauta mágica», «Detrás de un vidrio oscuro», «El rito», «La pasión de Ana», y «Escenas de la vida conyugal», entre otras.
Woody Allen es uno de los admiradores más consecuentes de la obra de Nykvist, y a lo largo de mucho tiempo trató de convencerlo para que trabajara con él. Lo logró recién en 1988, cuando éste hizo la dirección de fotografía de «La otra mujer». Posteriormente, volvieron a trabajar juntos en otros tres títulos: el episodio «Edipo Rey» de «Historias de Nueva York», «Crímenes y pecados» (ambas de 1989), y « Celebrity» (1998, en la que Allen se obstinó en que Nykvist trabajara en blanco y negro, tal como lo hizo en su etapa de oro junto con Bergman).
Nykvist era un obsesivo de la utilización natural de la luz para obtener, del rostro humano, la mayor significación posible de acuerdo con los lineamientos de la película. «Evitar todo elemento intrusivo, cualquier distorsión que le quite a la expresión humana toda su grandeza, su alegría o su dolor», definió en una oportunidad su principal mandamiento. En ese sentido, su trabajo sobre los rostros de Liv Ullman y de Bibi Andersson en «Persona» pasó a la historia del cine por su grandeza.
Cuando Bergman conoció a Nykvist cesó su colaboración con su fotógrafo hasta entonces, Gunnar Fischer. El cineasta encontró en las técnicas de su nuevo colaborador la expresión más justa para lo que buscaba. Algunos historiadores del cine compararon ese cambio, en el cine de Bergman, con el paso de Caravaggio a Rembrandt. La luz de Fischer se basaba en contrastes más tajantes entre lo claro y lo oscuro, en cambio la aproximación naturalista de Nykvist modificó de raíz sus películas.
A partir de los años setenta, Nykvist se expandió a trabajar en el mundo. Además de sus películas para Woody Allen, también fotografió películas de Louis Malle («Pretty Baby»), Philip Kaufman («La insoportable levedad del ser»), Bob Fosse («Star 80»), Nora Ephron («Sintonía de amor»), Richard Attenborough («Chaplin») y Lasse Halstrom («A quién ama Gilbert Grape»). Aunque menos conocidas, también dirigió cinco películas, la última de ellas «El buey» (1991), con Max von Sydow y Liv Ullman.
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