Música y cantantes salvan a Offenbach

Espectáculos

«La Belle Héléne». Opereta en tres actos. Mús.: J. Offenbach. Lib.: Meilhac & Halévy. Dir. Mus.: D.
Ranieri. Régie y luces: P. MacFarlane. Esc.: N. Rosito. Vest.: D. Taiana. Coro: J. Casasbellas. Coreog.: C. Vargas. (Teatro Avenida, hasta el 14/6.)

La inquietud de Buenos Aires Lírica en buscar títulos poco transitados de la lírica, la llevó a «La Belle Héléne», opereta de Jacques Offenbach sobre un libreto satírico de Meilhac y Halévy, los mismos de la «Carmen», de Bizet. Representada en varias ocasiones en la Buenos Aires de los albores del siglo XX, no se ofrecía desde 1924. Buena ocasión de recuperarla, teniendo en cuenta que, además, la obra posee algunos momentos rescatables donde están presentes la invención melódica y la habilidad en el tratamiento de voces de Offenbach. No es «Los cuentos de Hoffmann», por cierto, pero se puede ver y oír con agrado..

La puesta en escena de este segundo título de la temporada de Buenos Aires Lírica (BAL), fue confiada a Peter MacFarlane, un especialista en comedias musicales. Quizá por esa circunstancia toda la resolución visual y el movimiento escénico posee la impronta de musical de Broadway, un poco al estilo de «Algo gracioso sucedió camino del foro» por temática y mordacidad , pero pasado por el tamiz (a veces peligroso) de la calle Corrientes. Tan porteña como la avenida, esta «Belle Héléne» parece por momentos una revista musical, de la que se retaceó la elegancia, la fina ironía y la crítica política del original. Los diálogos en castellano no le hacen bien a la versión. Si bien es una tradición traducirlos -siempre se hizo con la opereta- ya es hora de que se cambie ese procedimiento. El subtitulado puede suplir perfectamente al castellano en el escenario, máxime cuando los cantantes líricos no siempre son muy creíbles cuando hablan nuestro idioma.

La escenografía de Nicolás Rosito, el vestuario de Daniela Taiana y las luces del mismo MacFarlane sumaron esfuerzos para una visualidad inspirada lejanamente en la cultura griega, con mucho de show televisivo, que divierte a algunos espectadores. En el elenco hay que destacar la belleza y el desparpajo de Mariana Rewerski, que en la función que vimos, comenzó a cantar con muy poco volumen y luego se recuperó con una atractiva emisión y simpatía. También Carlos Ullán, gracioso y con muy apreciable musicalidad. Osvaldo Peroni, Leonardo Estévez y Walter Schwarz cantan y actúan bien en medio de un amplio reparto. El Coro BAL, como siempre, se convierte en protagonista por su trabajo vocal y escénico siempre dirigido con pericia por Juan Casasbellas. El tenor Dante Ranieri vuelve a empuñar la batuta para dar muestras de su capacidad musical como para brindar una versión espirituosa y cálida de este disparate escénico tramado por los libretistas, con total sumisión de Offenbach y en pleno segundo imperio napoleónico.

E.G.

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