10 años sin Amy Winehouse: un fuego que se apagó demasiado pronto

Espectáculos

Un talento como los que no abundan, el éxito, los excesos y el acoso de los medios pudieron más. Tenia solo 27 años cuando falleció

Una década sin la música de Amy Winehouse, sin su voz. Triste final para una de las cantantes más destacada de los últimos años, tenia tan solo 27 años cuando nos dejo. Esa edad que se llevo a tantos artistas destacados que por una razón u otra, no pudieron sobrellevar el peso de su propio talento.

Amy nació un 14 de septiembre de 1983 en Londres, sus composiciones y manera de cantar la hicieron destacarse en diversos géneros como el jazz, el rhythm and blues, el soul, el rock y el ska.

Tan solo dos álbumes de estudio pudo darnos en vida, "Frank" de 2003 y el celebrado "Back to Black" de 2006. Canciones como: "Stronger Than Me", "Take the Box", "Rehab", "You Know I'm No Good", "Back to Black", "Tears Dry on Their Own" y "Love Is a Losing Game" se convirtieron en la banda sonora de una generación. De "jazzwoman" a "diva del soul", una transición que trajo consigo un cambio de imagen que poco a poco fue mostrando el lado más vulnerable de Amy.

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Tony Bennett, que invitó a Winehouse a participar en su álbum Duets II meses antes de su fallecimiento, afirma en el documental "Amy" (dirigido por Asif Kapadia en 2015) que la cantante fue una de las más auténticas que escuchó en su larga carrera. “Tenía un don absoluto”, contó luego de haberla puesto a la altura de Ella Fitzgerald y Billie Holiday.

Algo que distinguió a Amy de algunas de las cantantes de jazz y soul más importantes de la historia fue que ella escribía sus propias canciones. Su dolor era tan real que se volvía palpable en sus interpretaciones.

Desde que fuese una adolescente tomaba antidepresivos, ella misma contó su experiencia en una entrevista: “creo que nunca supe lo que era la depresión. Sabía que a veces me sentía rara y que era diferente. Creo que es algo de los músicos, por eso hago canciones. No soy como muchas que sufren depresión y no tienen manera de canalizarla. No pueden agarrar una guitarra durante una hora para sentirse mejor”

Con el lanzamiento de "Frank" en 2003 se reveló en la escena musical londinense una artista diferente, algo nuevo con un sonido clásico, pero tres años después con "Back to Black" fue el mundo el que descubrió a Amy.

El éxito llegó con un precio muy alto, la vida personal de Winehouse se estaba volviendo cada vez más complicada. A pesar de que tenía una personalidad extrovertida y fuerte, sufría de pánico escénico y para soltarse consumía cada vez más marihuana y alcohol. “Le encantaba cantar, pero nunca me dio la sensación de que le gustara actuar en vivo”, escribió Mitch Winehouse, su padre, en el libro "Amy, My Daughter" de 2012.

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El triste final de Amy Winehouse

En 2005 conoció a Blake Fielder-Civil, un asistente de producción que frecuentaba los bares de Camden Town, el barrio de Londres donde estaba el departamento que Amy se había comprado. La cantante se enamoró profundamente de él al punto que, con tan solo unos pocos meses juntos, se tatuó su nombre en el pecho.

Su nuevo novio, en cambio, siguió viendo a su ex y, cuando decidió volver con ella, destrozó el corazón de la cantante que, otra vez, canalizó el dolor de la ruptura escribiendo uno de sus grandes éxitos "Back to Black",

Para el año 2006 y poco después del lanzamiento de "Back To Black", Amy y Blake se reconciliaron y volvieron a estar juntos, a los poco meses se casaron. Agobiada por la fama y asediada por los paparazzi Amy, se encontraba en una situación muy vulnerable y Fielder-Civil, que estaba sumergido en las drogas duras desde hacía tiempo, la terminó llevando por ese camino. Fue el principio del fin.

Para el año 2010 Winehouse logro dejar las drogas, pero las reemplazó por el alcohol. Había vuelto a beber en grandes cantidades y pasaba buena parte de su tiempo borracha. Intentó regresar a los escenarios en 2011 con una gira por Europa Oriental, pero el primer concierto en Belgrado, Serbia, fue un desastre. Estaba tan ebria que apenas pudo mantenerse en pie y olvidaba las letras, la ciudad en la que estaba y hasta el nombre de sus músicos. Por momentos se sentaba en el piso y no hacía más que dedicar una mirada perdida al público, que reaccionó con hostilidad.

Un mes más tarde, murió en su casa a causa de una intoxicación etílica. Según su guardaespaldas, había pasado la madrugada del 23 de julio de 2011 en soledad mirando televisión y escuchando música. Cuando la revisó por primera vez a las 10 de la mañana, no le llamó la atención que no reaccionara. Era normal que se levantara después del mediodía. Pero a las 3 de la tarde, cuando volvió a controlar cómo estaba, se dio cuenta de que algo andaba mal.

La cantante había perdido la batalla contra las adicciones. Los forenses encontraron una altísima concentración de alcohol en su sangre que, sumada a las secuelas de las drogas y a un cuadro de bulimia que arrastraba desde la adolescencia y nunca había sido tratado, resultó letal.

De esta manera se apagó la vida de Amy, una artista demasiado frágil para un mundo que exige la constante perfección, sin embargo su legado musical continua y seguramente continuara vigente, ya que como pasa con los algunos pocos elegidos, uno la vuelve a escuchar y siente que cada vez canta mejor.

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