Tenía 80 años y hace sólo 20 días, tras superar una operación, anunció que
se bajaba de la nueva gira. Su estilo jazzero influyó en el sonido del célebre grupo.
Watts. En sus visitas a la Argentina se hacía tiempo para ir a clubes de jazz, como el bar Notorius. Amaba los caballos argentinos y el choripán.
Parafraseando la famosa canción, ayer el mundo del rock se pintó de negro con la muerte del baterista y miembro fundador de los Rolling Stones, Charlie Watts. El 4 de agosto había sorprendido la noticia de que Watts no iba a estar en la gira por Estados Unidos de la banda -tour que había sido interrumpido por la pandemia-, con el estadio de St. Louis como primera fecha el 26 de septiembre, pero se dijo que el baterista había salido bien de una operación -cuya causa no se especificó- y que se descontaba su rápida recuperación. Para el principio de la gira iba a ser reemplazado por el virtuoso baterista Steve Jordan, asociado a varios trabajos solistas de Keith Richards. Por eso, si bien Watts siguió internado en un sanatorio de Londres, nadie esperaba este final del que, con sus 80 años, era el mayor de los Stones.
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“Paint it Black” es uno de esos temas en los que Watts exhibió su versatilidad, con unos agresivos y secos golpes de batería. Pero él era un auténtico asceta de la percusión, tal vez por sus influencias jazzeras juveniles. Nunca necesitó esos imponentes sets de doble bombo que en los 60 usaban sus colegas Ginger Baker, de Cream, o Keith Moon, de The Who. Él tenía un set básico similar al de Ringo Starr de los Beatles (el primer músico que lo despidió en las redes sociales con un “Que Dios te bendiga, Charlie”), y su profesionalismo y simbiosis con los riffs y ritmos que le proponía Richards lo llevaron del blues, ryhtmn & blues y rock’n roll clásico de los comienzos a la psicodelia a baladas lentas como “Wild Horses”, el reggae, y hasta la disco music con la que la banda sorprendió con su gran hit de 1978, “Miss You”. Todo esto sin olvidar los ritmos paraguayos del álbum flower power “Their Satanic Majesties Request”.
Justamente, durante la grabación de ese álbum, “Some Girls”, Watts tuvo su clímax de malas costumbres, ya que llevado por las malas compañías, es decir, por Keith Richards, había abusado de la heroína, lo que derivó en que en medio de las sesiones en el estudio se quedara adormecido. En una de esas ocasiones Richards lo despertó con un fuerte tirón, y le dijo: “Charlie, cuando seas viejito te podés quedar dormido así, ahora no, ¿ok?”, lo que provocó que el baterista se moderara con el consumo, aunque en los 80 siguió teniendo algunos encontronazos con el alcohol y las drogas, pero, si así no fuera, no sería un Rolling Stone. También se recuperó de un cáncer de garganta, en 2004, que no le impidió su trabajo con el grupo.
Nacido el 2 de junio de 1941 en Wembley, Londres, en una familia de clase media baja con un padre camionero, el pequeño Charlie empezó a interesarse por el jazz a los 14 años, y pronto el padre lo encontró dando vuelta un banjo que había en la casa, y que usaba a modo de tambor. Entonces le compró el set de batería más elemental y económico con el que empezaban los aspirantes. Feliz, Watts pintó en el bombo el nombre Chico, en homenaje a su ídolo, el percusionista de jazz Chico Hamilton. Luego estudió publicidad y a veces tocaba con la banda de Alexis Corner, Blues Incorporated, en la que eventualmente cantaba Mick Jagger. Alrededor de Corner se fueron encontrando los Stones originales -que al principio incluían a Dick Taylor, que en una terrible jugada del destino dejó a Jagger, Richards y Brian Jones para armar The Pretty Things.
El año que viene, como punto culminante de esta nueva gira, los Stones celebrarían sus 60 años. Si bien se considera a Watts miembro fundador junto a Jagger y Richards -el bajista Bill Wyman se ofendió con sus viejos amigos y dejó el grupo en los 90, mientras que Brian Jones murió en circunstancias nunca aclaradas del todo, flotando en una pileta el 3 de julio de 1969- lo cierto es que el joven Charlie no fue el primer baterista de la banda, que debutó en el Club Marquee de Londres el 2 de junio de 1962 con Mick Avory (luego de The Kinks) en batería, y que más tarde fue reemplazado por otro veterano de Blues Incorporated, Tony Chapman, que no convenció demasiado, por lo que cuando los Stones grabaron su primer single en 1963, “Come on” de Chuck Berry, la batería ya estaba a cargo de Watts.
“Era el más Stone de los Stones”, aseguró muchas veces Richards cuando alguien le decía que Charlie parecía demasiado sobrio en comparación con los demás. “Siempre fue una tranquilidad tenerlo ahí en la batería, no había nada que discutir con él”. Pero a Watts le costó adaptarse a la banda al principio, ya que sólo conocía jazz. “Para mí, el blues era sólo un tema lento de clarinete de Nueva Orleans”, dijo en una entrevista, “pero Brian y Keith me ayudaron a entender el rythmn & blues, y luego me la pasé escuchando la batería de los discos de Chess Records, el sello de Chuck Berry y Muddy Waters”.
Ese amor por el jazz nunca lo abandonó. En los 70, con su amigo y pianista (y alguna vez mánager de los Stones) Ian Stewart, formó Rocket 88 Band. Y con su Charlie Watts Quintet grabó varios discos en homenaje a Charlie Parker. Junto con otro baterista, Jim Keltner, hizo un disco de percusión electrónica que combinó homenajes a bateristas de jazz clásicos con los ritmos tecno modernos. Su fanatismo por el jazz provocó que en los ratos libres de sus múltiples shows en Buenos Aires, Watts visitara los clubes de jazz porteños, y una vez asombró a los habitués que llenaban Notorius en una presentación del baterista local Pepi Taveira. De la Argentina también le gustaban los caballos, y los choris. En uno de los últimos conciertos de los Stones en la Argentina Jagger anunció que “Charlie se acaba de comer un choripán en la costanera”. Y, si hay una cosa en la que Charlie Watts se diferenció bien de sus colegas Stones, fue en que estuvo casado con la misma mujer desde 1964. Con ella tuvieron a su hija Serafina.
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