19 de septiembre 2002 - 00:00
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Diego Gvirtz
Periodista: ¿Alguna vez lo presionaron para que no le «pegara» tanto a algún personaje?
Diego Gvirtz: No cedo a las presiones, en general, pero hubo llamados pidiendo eliminar tal o cual cosa o, al revés, para agregar algún personaje. Marcelo Polino fue uno de los que nos llamó para que aflojáramos con las críticas.
P.: Bueno, imagino que el llamado de Polino no habrá sido la presión más fuerte que haya recibido.
D.G.: Es cierto, por eso hasta ahora siempre prioricé la libertad que pude tener en América.
En algún momento dije «en tal canal no voy a trabajar» porque no me sirve. Rechacé propuestas económicas mejores para trabajar con mayor comodidad.
P.: ¿Sigue «TVR» el año que viene?
P.: Luego de cuatro temporadas, finalmente ganaron el Martín Fierro, ¿lo esperaban?
D.G.: El día anterior no me esperaba ganar nada, estaba contento con estar nominado. Nos dieron un premio, lo recibimos y le damos la importancia que tiene un premio, pero el Martín Fierro no le cambia la vida a nadie. Nos gusta, nos aporta un cierto nivel de orgullo y si podemos ganar el Martín Fierro de oro mucho mejor.
P.: ¿Qué tienen en común «TVR» e «Indomables», ambos producidos por usted?
D.G.: Tienen un criterio parecido, mientras «TVR» se ríe, critica y se agarra con los pesos pesados y no tan pesados de la televisión, «Indomables» hace un repaso de los programas de espectáculos del día y se ríe y satiriza a tal punto, que la gente termina dándose cuenta de que son poco importantes.
P.: «TVR» no sólo se burla de los peso pesado de la televisión sino también de los políticos.
D.G.: La política es uno de los ejes de «TVR» pero los temas que se tocan tienen que haber pasado sí o sí por la televisión. Lo tratamos con nuestra visión particular, con tono crítico, y a veces la parte de humor pasa más por la conducción de Claudio y Fabián que por las notas. Lo que dicen está casi todo guionado y, obviamente, ellos aportan sus bocadillos.
P.: ¿Cómo se lleva con el resto de los productores independientes?
D.G.: Soy amigo de muchas productoras pero, en algún lugar, con «Cuatro Cabezas», tenemos algunas cosas en común, lo que no quiere decir que no lo critique, el otro día le pegamos a Pergolini pero después hablé bien con él. O con Tinelli, con quien tengo muy buena relación, lo puedo castigar durísimo en el programa y no se enoja nunca.
P.: ¿Qué fue del enfrentamiento entre «TVR» y «PNP», de Gastón Portal, que lo acusó de copiarle la idea?
D.G.: Las ideas no se copian, lo más importante de un programa es saber llevarlo, mantenerlo y no la idea. Programas de televisión hay 50 mil y además las ideas no se pueden registrar, sí los guiones o los nombres, parte del formato y la sinopsis. Después, el problema pasa a ser la competencia, que el programa sea creíble y hacerlo comercialmente viable.
P.: Convengamos que «PNP» fue el primer programa dedicado a los bloopers televisivos y cuando surgió «TVR» la idea era muy similar.
D.G.: Con «PNP» hubo una campaña acusándonos de que nos copiábamos, pero cuando se entendió que «TVR» tiene una primera lectura, más obvia, que entiende todo el mundo, y una segunda lectura, que no es para cualquiera, ahí se vieron las diferencias.
P.: ¿El exceso de humor negro (abundante en «TVR») no pone en peligro el buen gusto?
D.G.: El espíritu del programa es un poco mi espíritu. Tengo un humor negro bastante marcado y en el equipo hay mucha gente que se divierte con cuestiones un poco morbo. Yo me guío más por un espíritu estético que ético, me importa que las cosas sean lindas o feas más que si están bien o mal. Cuando algo me resulta chocante o feo lo saco. También trato de inhibirme para evitar la autocensura, sobre todo con figuras del medio que son amigos. Generalmente dejo cosas que pueden molestar pero intento no autocensurarme.
P.: La gente de la televisión, sobre todo productores y técnicos, coinciden en que trabajar en ese medio «quema el cerebro». ¿Cómo es su caso, que para colmo hace un programa cuya materia prima es la televisión?
D.G.: Yo fui el más obsesivo de todos, siempre dije «voy a tratar de hacer lo posible para no terminar con la cabeza quemada» y terminé con la cabeza quemada. Este año, se arruinó un poco mi vida personal y traté de dedicarme a recuperarla dentro de mis posibilidades. Trato de no hablar todo el día de televisión, que en algún momento lo hice, traté de bajar los decibeles, recién ahora estoy pensando en un programa nuevo para enero. El productor termina con la cabeza quemada y con su vida privada complicada.




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