18 de noviembre 2004 - 00:00

"No estoy en el argentinismo catastrófico del no se puede"

Después de montar la ópera de Britten en el Colón, Arias se dispone a estrenar «Incrustations» en el festival de dramaturgos franceses «Tintas Frescas».
Después de montar la ópera de Britten en el Colón, Arias se dispone a estrenar «Incrustations» en el festival de dramaturgos franceses «Tintas Frescas».
Alfredo Aria s acaba de estrenar en el Teatro Colón una versión de «Muerte en Venecia» (ver comentario en esta pág.) que, basándose en la novela homónima de Thomas Mann compuso Benjamin Britten en 1973, dos años después del estreno del film de Luchino Visconti. Además, el director se prepara para participar, junto a la talentosa Marilú Marini, del Encuentro Teatral Tintas Frescas en Buenos Aires que se realizará entre el 19 y el 28 de noviembre, para difundir la dramaturgia contemporánea francesa y su vinculación con el teatro de América Latina. La obra elegida por Arias es « Incrustations», de la escritora Chantal Thomas que se verá los días 26, 27 y 28 de noviembre en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. Radicado en París desde hace más de 30 años, Arias ha desarrollado una brillante carrera como director y régisseur en Francia, Italia y España. El público argentino ya conoció algunos de sus espectáculos más premiados (« Mortadela», «Niní» y «La mujer sentada»), además de las elogiadas régies que Arias montó en el Colón, entre las que se cuentan «La carrera del libertino» de Stravinsky, y «Bomarzo-» de Manuel Mujica Láinez y Alberto Ginastera.

Periodista:
¿Cómo definiría la versión de «Muerte en Venecia» que estrenó en el Colón?

Alfredo Arias: Lo primero que quiero decir, para ser rápido y breve, es que no tiene absolutamente nada que ver con la película. El que la venga a ver al Colón se va a dar cuenta de que hay dos lecturas posibles, o bien, la historia anecdótica del novelista Gustav von Aschenbach que va a Venecia a descansar y descubre al adolescente Tadzio que crea en él una especie de cataclismo intelectual, o bien, el discurso metafísico y filosófico sobre la creación, la vida y la muerte que desarrolla Thomas Mann en su libro.


P.:
En la atracción que el protagonista siente por Tadzio se ha creído descubrir los impulsos homoeróticos de Thomas Mann, así como su creencia de que el artista fracasa siempre en su intento de emular la belleza.

A.A.: Así es y la frase que cita Mann es devastadora. Es cuando el filósofo Sócrates le dice a su alumno Fedro: «La belleza es la única forma material de la espiritualidad». ¿Quién es Tadzio para mí? Bueno, como el autor abre una puerta hacia el mundo griego, decidí buscar una figura que evocara la estatuaria griega, por eso elegí a un atleta de 21 años que transmite en el escenario toda la belleza, armonía y vértigo que requiere el personaje.


P.:
¿Le resultó muy complicado trabajar en el Colón?

A.A.: El problema principal es la falta de tiempo, porque la verdad es que en el Colón hay talleres que trabajan muy bien y hay un buen ambiente de trabajo.


P.:
Hay directores que opinan exactamente lo contrario...

A.A.: Mire, yo no estoy en el argentinismo catastrófico de esto no se puede hacer, porque sí se puede. El problema en este caso fue que tuvimos un calendario muy apretado para una ópera que tiene 60 personas en el coro, y que entre figurantes y bailarines suma a otras 30 o 35 personas, con 25 pequeños roles y tres roles principales. Así que yo preferí no ponerme perfeccionista para no bloquear el trabajo.


P.:
Usted ha trabajado en los principales teatros líricos de Europa.

A.A.: Así es y todos tienen los mismos problemas. Yo vengo de reponer mi versión de «Los cuentos de Hoffman»en la Scala de Milán, que bien se puede decir que es el teatro más grande del mundo, y por una cuestión de obras tuvimos que ensayar en un lugar donde el día que hizo frío pedí que se cerraran las puertas y no había puertas, entonces el coro no quiso ensayar porque tenían frío y le doy otro ejemplo: en la Opera de la Bastille, en París, sufrimos dos huelgas antes de estrenar «Carmen», por lo que debutamos 15 días más tarde de lo programado. Hay miles de episodios como éstos.


P.:
¿Cómo es el espectáculo que va a presentar en el Festival «Tintas Frescas»?

A.A.: Forma parte de una serie de 8 episodios sobre personajes míticos de la relación analítica que iniciamos hace unos años con Marilú Marini. Convocamos a varios novelistas y a autores que no tienen mucha familiaridad con el teatro, porque en Francia está muy abandonado el campo de la comicidad. Salvo lo que se hace en café concert no hay autores que trabajen el humor desde un lugar más intelectual y espiritual. Por eso nos fascinó Chantal Thomas, ella tiene una gran rapidez mental, y también una lucidez y un humor cruel que tiene mucho que ver con lo que hacemos con Marilú. « Incrustations» es la historia entre una madre y un hijo que se odian, son como dos ratas que destruyen el mundo y que seguramente van a terminar destruyéndose entre sí. P.:
Cada vez trabaja más seguido a Buenos Aires. ¿Esto no complica su agenda europea?

A.A.: Alguien del coro me dijo el otro día en el Colón: «Pero, maestro, ¿cómo es que viene a trabajar aquí si está perdiendo tres veces lo que podría ganar en Europa?». El problema es que mi proceso no tiene nada que ver con la realidad ni las cuestiones económicas. Cuando yo me fui dejé una parte de mi cuerpo acá, por eso en mi proceso de desarraigo me volví agorafóbico, pero cuando llego a Buenos Aires se me pasa.


Entrevista de Patricia Espinosa



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