25 de agosto 2006 - 00:00

No mucho más que una love story diferente

No mucho más que una love story diferente
«Secreto en la montaña» («Brokeback Mountain», EE.UU., 2005; habl. en inglés). Dir.: A. Lee. Int.: J. Gyllenhaal, H. Ledger, M. Williams, R. Quaid y otros. DVD. AVH.

Como ocurre cada tanto en el cine, las varias peculiaridades de esta película exceden sus propios valores. De «Secreto en la montaña» se dijo que era el primer western gay de la historia. No faltaron, ante esta afirmación categórica, quienes salieran a citar ejemplos de algunos otros films del Oeste con personajes larvadamente homosexuales. Es posible, aunque también lo es interpretar «Ben Hur» o «Espartaco» como películas gay. Sin embargo, lo cierto es que en «Secreto en la montaña» no hay nada oculto ni susceptible de «segunda lectura»: es una historia de amor culpable entre un peón de estancia y un cowboy, que deben esconderse de la mirada ajena para quererse en paz. Además, de «western» esta película sólo tiene el oficio de sus personajes y sus paisajes, ya que carece del elemento épico que define al género.

El film de Ang Lee fue también extremadamente mediático porque, siendo el favorito por unanimidad en la última edición de los premios Oscar, lo perdió. Algunos opinaron que, en ese fallo, prevaleció la moral conservadora entre los votantes, algo bastante plausible cuando se trata de un país que hasta obstaculiza la exhibición del último libro de Isabel Allende porque hay un desnudo en la tapa.

Sin embargo, acalladas las pasiones e intereses del momento, y con la perspectiva que da el tiempo, no es imposible tampoco que el fallo de la Academia tenga otro sentido. Simplemente, el de que « Secreto en la montaña» sea no mucho más que una correcta y hasta convencional love story, aunque con protagonistas de igual sexo. Y no mucho más.

La pasión del adúltero Ennis Del Mar por Jack Twist, en el verano de 1963 en las praderas de Wyoming, tiene una exposición cinematográfica pausada, casi lenta. Sus contradicciones y tormentos, inclusive, suelen ser más intensos por la situación misma que por la propia puesta en escena. A destacar, sí, la buena banda de sonido que sí le dio el Oscar al compositor, el argentino Gustavo Santaolalla.

Marcelo Zapata

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