25 de febrero 2002 - 00:00
"No se puede ser genio y buena persona"
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Marina Picasso
Periodista: ¿Cuál es su cuadro favorito de Pablo Picasso?
Marina Picasso: El retrato de Olga Kokhlova -mi abuela-con su hijo, el pequeño Paulo, en brazos.
P.: ¿Le gustaría tener ese cuadro?
P.: ¿Esa es la casa en la que vivía Picasso, no?
P.: ¿Por qué?
P.: ¿Y volvían?
P.: ¿Y por qué tenía que pagarle Picasso?
P.: ¿Presenció alguna de esas humillaciones?
M.P.: Sí. Un día de los que entramos, al irnos le dio dinero. Mi padre le dijo: «Gracias», y Picasso, delante de mi hermano y de mí, le espetó: «No eres capaz de hacerte cargo de tus hijos, de ganarte la vida, de hacer nada de nada. Eres un mediocre y siempre serás un mediocre. ¡Me estás haciendo perder el tiempo!».
P.: ¿Y qué tal la trataba Picasso?
M.P.: A veces hacía una pajarita de papel, pero nunca nos la regalaba. Mire, Picasso tenía allí una cabra: la cabra era más feliz que yo, porque ella existía para mi abuelo y yo no. Yo necesitaba un abuelo y nunca lo tuve.
P.: Si lo tuviera ahora aquí, ¿qué le diría?
M.P.: Cosas tiernas. «Explícame, abuelo: ¿por qué la comunicación fue tan difícil? ¿Por qué no hablaste más con tu hijo?
P.: ¿Qué fue de su padre, de Paulo?
M.P.: Al morir Picasso, mi hermano Pablito se suicidó: se bebió una botella de lejía y agonizó durante meses en un hospital. Y, poco después, mi padre murió.
P.: Parece la maldición de una momia.
M.P.: Picasso lo dijo: «Cuando yo muera, me hundiré como un navío y el torbellino arrastrará a muchos al fondo». Dejó muchas víctimas. Su esposa Jacqueline se pegó un tiro; otra de ellas, Marie-Thérèse, se colgó.
P.: ¿Qué tenía Picasso?
M.P.: Aquella mirada... De niña, yo tenía miedo de sus ojos. La portada de mi libro lleva sus ojos y sé de gente que tiene que dar la vuelta al libro sobre la mesita de noche para no ver esos ojos, porque esos ojos turban.
P.: Algo más habría, además de sus ojos.
M.P.: Un genio artístico gigantesco. Un genio cruel que destruyó muchas vidas. ¡El mismo fue la primera víctima del genio de Picasso!
P.: ¿Por qué lo dice?
M.P.: Porque se quedó solo. Mi abuelo murió solo, con una corte de aduladores, sí, pero solo. Fue un preso de su arte.
•Bulímico
P.: Pero, ¡qué arte: revolucionario, único!
M.P.: Ese es el problema: la mirada de los admiradores le insufló ese despotismo. Y fue un bulímico de su arte: estaba siempre creando, sin pararse nunca. Incluso detenerse a comer le parecía tiempo perdido. ¿Y por qué tal pulsión? Porque nunca estaba satisfecho de su obra: siempre le parecía una mierda.
P.: La historia del arte no opina igual.
M.P.: Yo le oí decir: «Pinto tres mierdas y con eso pago una casa». Tres mierdas. El veía que su «mierda» le granjeaba admiración, eso sí, y seguía: él creaba «mierda» para que le apreciasen, ¡pero nunca tenía bastante!
P.: ¿Un insatisfecho crónico?
M.P.: Un genio del arte, pero, a la vez, una persona cruel que no sabía ser amado ni amar.
P.: ¿Picasso nunca amó?
M.P.: Amó como artista, no como hombre. Todas sus mujeres fueron, al cabo, material para su arte. Y las iba abandonando.
P.: Algún momento tierno tendría su abuelo.
M.P.: No lo recuerdo... Hay fotos tiernas con su mujer e hijo, ¡posadas para el fotógrafo!
P.: Debe de traerle muy malos recuerdos vivir ahí, en La Californie.
M.P.: Hoy es un hogar en el que hay calor, hay afecto, están mis hijos... Pero durante años yo no pude mirar un cuadro de Picasso. Los tenía de cara a la pared.
P.: ¿En serio?
M.P.: Por rencor a mi abuelo, castigué a su pintura. Me costó 15 años de psicoanálisis, pero hoy ya no soy una víctima de Picasso: vencí el rechazo a su arte, y a él ya lo recuerdo sin odio.
P.: Es que heredó usted parte de su fortuna.
M.P.: Pero eso no arregló las heridas del alma. Esas las he sanado yo sola, con mi esfuerzo.
P.: ¿Y qué dicen los demás nietos de Picasso?
M.P.: ¿De mí? Nada: todos saben que digo la verdad. Sólo me han insultado los idólatras de Picasso, esos que son alguien a su costa.
P.: ¿Qué les diria?
M.P.: ¿No se dan cuenta de que Picasso no los necesita? Esos admiradores mantienen que un genial artista, por serlo, es una persona superior a las demás, con derecho para humillar al prójimo y para destruirlo todo. Creo que es imposible ser a la vez artista genial y buena persona. Porque el gran artista vuelca todo su tiempo y energías en su arte, y todo es «todo»: nada queda para las personas que lo rodean.
P.: ¿Qué hizo el día en que murió Picasso?
M.P.: Yo tenía 22 años, y sentí que Picasso no había muerto, que no moriría nunca, que quedaría por siempre como una maldición.


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