25 de febrero 2004 - 00:00
"No soy dueño de un éxito, sí de un libro afortunado"
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Periodista: Ya van para cuatro meses que su novela está en los primeros puestos de los libros más vendidos ¿Es un milagro?
Guillermo Martínez: Me sorprendió, no porque no tuviera confianza en mi obra sino porque, en algún momento, pensé que si un libro vendía mucho en la Argentina: «por algo será». Participaba de ese prejuicio de cierta gente de la cultura hacia los libros que se venden masivamente. Fue un plus inesperado a lo que ocurrió cuando gané el premio Planeta.
P.: Los premios, en la Argentina, no ofrecen un certificado de que el libro interese, pareciera que todo lo contrario.
G.M.: En la editorial dicen que hacia años que su Premio de Novela no se vendía así, desde la época en que lo ganó María Esther de Miguel. Un preanuncio de esto lo viví en las clases que di en el Malba sobre «Borges y la matemática», donde la primera vez hubo 300 inscritos y 200 la segunda. Fue un indicio del interés por la vinculación entre ciencia, filosofía, literatura. Lo que más me sorprendió es la cantidad de e-mails de lectores de toda mi obra y que pareciera que, con esta novela, se animaron a contactarse conmigo. Otro hecho curioso es que «Crímenes imperceptibles» hizo que se agotara mi libro de ensayos «Borges y la matemática».
P.: ¿Atrajo que sea una novela policial?
G.M.: Quizá eso ayuda entre el público masculino que está de vacaciones. Hay un cierto amor por el policial en nuestro país. Tuvimos un tradición excelente, con cumbres como la colección del Séptimo Círculo, dirigida por Borges y Bioy, o la que difundió la novela negra norteamericana. Si bien ayudó el apoyo de los libreros, sospecho que a « Crímenes» la pusieron entre los bestsellers mis colegas de la Facultad de Exactas porque es raro que el héroe sea uno de ellos, que no haya un discurso contra la ciencia como suele hacer el discurso romántico en la literatura, como en «Frankenstein», donde todo avance científico se toma con desconfianza, como un peligro. «Crímenes» rescata la lógica, la matemática, mostrando que esas ideas pueden tener aventuras, intrigas. Entronca la sensibilidad científica con el policial clásico de enigma. Algo que está en el origen del relato policial, en el detective Dupin de Poe que era un lógico y discute sobre la anticipación del pensamiento del otro.
P.: ¿Que fue lo que más le importó al escribir?
G.M.: La tradición del género. No quería que lo policial fuera la excusa para un curso de filosofía. Consideré lo novedoso que de la mirada de un matemático sobre una serie de crímenes. Acaso el mundo de un matemático resulte exótico, pero también lo es el de los pescadores de Hemingway. El científico es visto como frío, yo muestro que se divierte, le gusta la música...
P.: Y el sexo...
G.M.: Obviamente.
G.M.: Era un título muleto para el premio. Yo había pensado que llamarlo «La serie de Oxford», que une la serie de crímenes al concepto matemático de serie lógica. En la editorial gustó más el muleto y no me pareció mal. Después descubrí que se usaba el título en otros contextos, por caso: en el artículo de un economista sobre lo que significa el acallamiento de las voces opositoras. Se tomó la idea de «crímenes imperceptibles» que pueden darse en otros lados. No creo que el éxito de esta novela sea un capital mío, es sólo un libro afortunado.
P.: Usted es un marginal a las capillas literarias...
G.M.: Nunca estuve en ningún grupo con poder de decisión, de promoción o en alguna secta ideológica, al contrario. Fui orgullosamente marginal en esas cuestiones. Viví generosidades y mezquindades. Hasta ahora el suceso inesperado de «Crímenes», que no está escrita con la receta del bestseller sino desde la literatura, no había movido a comentarios. Y «Crímenes» tiene contrato de traducción en 15 países. El primer país que lo contrató fue Inglaterra, a partir de allí se vendió a Francia, Alemania, Portugal, Holanda, Israel, Rusia, Japón.
P.: ¿Por qué tanto «El código Da Vinci» como «Crímenes», dos bestsellers del verano, unan al policial con el ensayo?
G.M.: Acaso haya un renovado interés por una literatura de ideas, y no de ideologías. En la últimas décadas se despreciaba hacer una novela a la Thomas Mann, que combina reflexiones sobre la filosofía, la sociedad y la cultura. Esto a pesar del éxito de las obras de Umberto Eco. Ese tipo de narrativa es la que siempre me interesó: intriga más profundidad teórica. La narración avanza interesando al lector, como lo sabía bien Borges, rodeada de datos que tarde o temprano tendrán sentido.
P.: ¿Qué está escribiendo?
G.M.: Una serie de cuentos, y estoy avanzando en una novela sobre un chico que nace en una secta de religiones antiguas. Tengo ya un libro de ensayos: «La fórmula de la inmortalidad».
P.: ¿Seguirá en la lista de los más vendidos?
G.M.: Ya no, ahora llegó el nuevo «Harry Potter» (ríe).
Entrevista de Máximo Soto



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