23 de noviembre 2006 - 00:00

"Noi, el albino"

Aunque algofrío, «Noi, elalbino» es unatractivoretratometafórico delaadolescenciay delaislamientoen general,queaprovechabien la áridabelleza delfiordoislandésdondetranscurre lahistoria.
Aunque algo frío, «Noi, el albino» es un atractivo retrato metafórico de la adolescencia y del aislamiento en general, que aprovecha bien la árida belleza del fiordo islandés donde transcurre la historia.
«Noi, el albino» (Nói, Albínói, Islandia, 2003, habl. en islandés). Guión y dir.: D. Kári. Int. : T. Lemarquis, P.L. Gunnarsson, E. Hansdóttir, A. Fridriksdóttir, P. Einarsson, G. Ölafsson, A. Thoroddsen.

He aquí una historia pequeña, singular, bastante atractiva, muy bien fotografiada (con gran predominio de azules), algo encerrada en sí misma y un poquito fría, características que comparte con el lugar de rodaje: un fiordo de Islandia, lugar bellísimo aunque quizá poco recomendable para pasar largas estadías, sobre todo en invierno, y en especial si uno se siente como si fuera una «mosca blanca», por decirlo en criollo.

Nói, el personaje protagónico, y albino, de esta historia, es un chico en crisis de adolescencia, incómodo consigo mismo y con el pueblito donde vive, un chico de relativas luces, escasa vida social, reducido grupo familiar (padre alcohólico y abuela absorta), y dos refugios: el sueño de mandarse mudar con la chica que ama (y que no sabe cómo sacárselo de encima), y el sótano donde se encierra y se protege de las durezas del mundo exterior. Dicho sótano ha de salvarlo en cierto momento, pero también podría causarle su definitiva perdición, si no fuera, justamente, porque ese mundo exterior tiene, a cierta altura, una presencia inevitable.

Pintura metafórica de la adolescencia, del aislamiento en general, y de los modos paradojales con que cualquiera se mueve o se hunde, Noi fue primero una especie de amigo invisible, o de alter ego, del joven Dagur Kári Pétursson, nacido en Francia, e hijo del escritor Pétur Gunnarsson.

Cuando Dagur Kári creció, y estudió cine, Noi fue también el modo de exorcizar su pasado y presentarse como realizador, dando la imagen de un tipo agridulce, austero, bien preciso en la narración y abierto a la poesía. Así es como lo vemos con esta película. Pero ya su segunda obra, «Voksne mennesker» (vista en el Festival de Mar del Plata como «Dark Horse») es otra cosa, más suelta, a veces también graciosa, con un muchacho que al menos tiene un amigo, relaciones más entretenidas con las mujeres, ciertas aventuras, en fin. Y se filmó en Dinamarca. El hombre pinta bien. Será cosa de estar atento a la tercera.

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