26 de septiembre 2003 - 00:00

"NOWHERE"

NOWHERE
«Nowhere» ( Argentina, Italia, España, 2002, habl. en español).Dir.: L. Sepúlveda. J. Perugorría, L. Sbaraglia, A. Molina, L.M. Burruano, D. Fanego, A. Prodan, F. Guillén Cuervo, H. Keitel, L. Mañá, M. Bandera.


Proyectar «El Acorazado Potemkin » con el audio de «Los gauchos judíos» es un experimento que el artista plástico Guillermo Kuitca aún no ha tenido tiempo de concretar. Un simple accidente de cambio de rollos en un multiplex podría provocar un experimento parecido, cambiando, por ejemplo, cuatro o cinco actos de «Nowhere» por otras tantas latas de «Erase una vez en México» (el tercer film de la saga de «El mariachi» que también se estrenó ayer). Después de todo, en ambos films hay elencos multiestelares y multiétnicos, militares fascistas malísimos y ridículos, rebeldes perseguidos (con mal de amores y debilidad por la bebida), gringos decididos a involucrarse en asuntos latinoamericanos, canciones típicas, etcétera.

Claro que «Erase una vez...» es una parodia sin pretensiones, y este desastre de dimensiones bíblicas, además de desaprovechar a mucha gente talentosa, es un penoso homenaje a quienes quiere defender: víctimas de la represión chilena, presuntamente. Ya se sabe que las buenas intenciones muchas veces conducen al infierno, pero eso de ver detenidosdesaparecidos preparándose recetas de «nouvelle cuisine» ante la mirada envidiosa de sus represores, no funciona en ninguna dirección.

La historia cuenta cómo cinco individuos son secuestrados por militares, para ser llevados en tren a una región del altiplano en medio de la nada, y dejarlos bajo la torpe custodia de unos reclutas que no saben qué hacer con ellos. Luego de unos tres o cuatro planos generales del tren en el altiplano (con un buen uso del Panavision, digno de un western), la trama se apuna irremediablemente en su obvia intención de mostrar el lado humano de esos soldados simplones que se masturban escuchando los sensuales relatos de sus presos.

El guionista y director Luis Sepúlveda no logra hacer creer que Harvey Keitel pueda ser otra cosa que un narco que perdió el rumbo o un agente de la CIA (amigo del Johnny Depp de «Erase una vez...», pero de accionar más sutil). Sin embargo los compañeros sí se lo creen, al punto que se convencen unos a otros que un ex marine no puede ser malo. Como bien dice uno de los personajes, en estos casos hay que encomendarse a San Steve McQueen, precisamente por «El Gran Escape».

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