10 de enero 2002 - 00:00

Nueva York homenajea a Alberto Giacometti

Una de las obras de la muestra
Una de las obras de la muestra
Alberto Giacometti cuya retrospectiva se exhibe en el MOMA de Nueva York, nació en Suiza en 1901 y falleció en 1966. Perteneciente a una familia de artistas que lo apoyó desde su niñez, cuando ya entonces demostró talento para la escultura, la pintura, el dibujo y la poesía.

La muestra que celebra el centenario de su nacimiento se expone cronológicamente e incluye yesos, bronces pintados y hasta una rareza, un jardín de esculturas en piedra. En 1922 se establece en París y estudia con Bourdelle durante tres años. Un problema lo preocupa: aprehender la totalidad de una figura ya que en el instante en el que el artista deja de mirar al modelo para representar lo que ha visto, la mirada se vuelve recuerdo.

Símbolos

Según Giacometti, «el arte es el residuo de la visión». Por ello sus figuras aparecen descarnadas y reducidas a una condición física esencial: verticalidad y la conciencia de la gravedad. Las obras realizadas entre 1925 y 1930 parecen símbolos elementales o se relacionan con las ideas surgidas de lo profundo de la memoria. Los surrealistas, ante estos objetos insólitos, los consideran la expresión escultórica del mundo de los sueños y de lo irracional.

Giacometti
pasó gran parte de su vida en París y es legendaria la pobreza casi franciscana en la que vivió. No menos legendaria era la constante negación de su obra, a la que consideraba un fracaso. En 1964 en la Tate Gallery de Londres, ante las ovaciones recibidas, mordazmente declaró que eran inmerecidas: «no hay un solo obrero de la calle que no merezca lo mismo». Los que lo frecuentaron lo describen como divertido, culto, irónico, fiel amigo, gran conversador, imagen que contradice la del fumador empedernido, solitario y excéntrico sentado al fondo de un café de la calle Didot.

En todos los libros se cuenta que cuando Giacometti estaba en Suiza durante la Segunda Guerra Mundial y no podía volver a París, sus esculturas de la figura humana eran cada vez más pequeñas. De regreso, en 1945, llevó el resultado de varios años de trabajo en seis cajas de fósforos.

Pero estas pequeñas obras parecen monumentales, poseen su propia y poderosa individualidad así como el aura de grandeza que nace de la emoción y que se transfiere al contemplador.

Otra de sus preocupaciones fue el movimiento, a través del gesto de un brazo o de una mano extendida. Su escultura lleva en sí misma el efecto espacial. A propósito, escribió que la escultura reposa sobre el vacío. Es el espacio que se atraviesa para construir el objeto y a su vez es el objeto que crea un espacio.
Jean Paul Sartre decía que eran obras para considerarlas a distancia, que excitaban la mirada y que no invitaban a tocarlas por sus rugosidades.

Se exhiben obras tempranas como
«Woman with her throat cut» (1932), «Flower in Danger» (1933), «The Palace at 4 A.M.» (1932) perteneciente al MOMA, una construcción de carácter fantástico. Otras obras vinculan el espacio como vacío, por ejemplo el vacío cóncavo de «Spoon Woman». Esculpir para Giacometti fue reducir al hombre a su carnalidad esencial y Michael Leiris se refirió a ellas como «exquisiteces de piedra, alimento de bronce, maravillosamente vivo».

Dejá tu comentario

Te puede interesar