27 de octubre 2005 - 00:00

Nuevo Zorro supera a su primera parte

"La leyenda del Zorro", con Antonio Banderas y la espectacular Zeta Jones, supera a su primera parte en entretenimiento. También agrada, entre los estrenos de hoy, la comedia "En buena compañía".

AntonioBanderas yCatherineZeta-Jones:esta secuelaes mucho másdivertida y noes sensibleracomo suprimera parte.
Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones: esta secuela es mucho más divertida y no es sensiblera como su primera parte.
«La leyenda del Zorro» («The Legend of Zorro», EE.UU., 2005, habl. en inglés), Dir.: M. Campbell. Int.: A. Banderas, C. Zeta-Jones, A. Alonso, R. Sewell. N. Chinlund, J.O. Mechoso.

La anterior «La máscara del Zorro» marcó uno de los puntos más bajos en la historia del héroe enmascarado. Con todo su despliegue de presupuesto, era difícil soportar a Anthony Hopkins con cara de «lo que hay que hacer para ganar unos doblones» encarnando a un avejentado Diego de la Vega. Pero lo peor era la falta de acrobacias ingeniosas -finalmente eso fue una característica esencial del personaje desde los tiempos mudos de Douglas Fairbanks- y toda la larga cuestión sensiblera del pase de la máscara del Zorro padre al novato Banderas.

Todo esto cambia ya desde la brillante secuencia inicial de «La leyenda del Zorro»: el pueblo de California acaba de votar unirse a la Unión como estado libre, pero un villano secundado por una docena de rifles de última generación quiere llevarse el cofre con los votos del pueblo de San Mateo. El Zorro ya está preparado para este tipo de irregularidades electorales dando lugar a una alucinante persecución por los techos del pueblo que termina con una lucha saltando por los pilares de una obra en construcción.

El trabajo de los dobles de riesgo en esta formidable apertura de la secuela es de lo mejor que se ha visto en mucho tiempo en el cine de aventuras, con una audacia y una creatividad en la puesta en escena digna del mejor Jackie Chan cuando filmaba en Hong Kong.

La trama detona cuando Banderas pierde la máscara. Unos tipos misteriosos lo ven, y pronto su bellísima esposa (Catherine Zeta-Jones) le está pidiendo el divorcio (algo raro en una colonia española a comienzos del siglo XIX, pero... esto es un entretenimiento). Inmediatamente tiene lugar un argumento con espías al estilo de Jim West: un niño terrible que quiere imitar al Zorro sin conocer su verdadera identidad (el chico Adrian Alonso se roba varias escenas de la película, sobre todo cuando espadea contra el puntero de un cura medio sádico) y un adecuado villano europeo (Rufus Sewell) que quiere influir en la historia estadounidense a punto de entrar en la Guerra de Secesión, entregando la recién inventada nitroglicerina a los estados del Sur.

Evidentemente es difícil que Antonio Banderas vaya a ensombrecer el recuerdo de Tyrone Power cuando filmó la antológica «La máscara del Zorro» a las órdenes de Rouben Mamoulian, y la película está llena de cosas raras como cowboys que andan metiendo miedo con sus rifles, pero sacan de algún lado una espada para que el Zorro no tenga que cambiar de armamento. Pero la película siempre divierte, y nunca deja de arremeter con una secuencia de acción seguida de algún apropiado chiste inocente y un relincho de Tornado, que se toma todo el vino y a veces también fuma, quizá para recordarnos cuál debe ser el verdadero espíritu del cine de aventuras.

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