11 de septiembre 2013 - 00:02
Olguín: “Nostalgia queda por más que uno se adapte”
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Un momento del espectáculo coreográfico multimedia “Lisboa, nunca te conocí, siempre te amé”, de Rodolfo Olguín, que se estrenó en el Centro Cultural Borges.
P.: Se menciona siempre el carácter nostálgico de la música de las ciudades que tienen puerto, y se pone como casos emblemáticos el fado en Lisboa y el Tango en Buenos Aires.
R.O.: Sí, y también la música griega tiene ese carácter. Recordemos que para los griegos no había castigo más grande que el destierro, que era la condena a muerte. El latino siempre extraña su tierra, sus costumbres, su comida. No es que sea algo triste: es emotivo.
P.: ¿Qué coreógrafos lo marcaron?
R.O.: Maurice Béjart, especialmente. Lo admiro porque era un genio y porque lo que hacía era siempre muy teatral. Además era una persona que no creaba pasos porque sí. Veo ahora que hay mucha técnica, muchos chicos que bailan muy bien, y es todo muy atlético, pero no me emociona. Creo que si el arte no emociona no tiene sentido. Jean-Louis Barrault, el actor, decía: "el bailarín es el atleta de los sentimientos" y yo siempre la traigo a colación porque me parece espectacular. También me ha influenciado Jiri Kylián en el modo de estructurar los pasos, y si uno observa su trabajo también advierte sentimiento, o Nacho Duato. No reniego de la técnica, que me parece un medio para expresar, pero no puede ser nunca el fin. Pina Bausch también por lo sutil y lo teatral. Béjart quería que sus coreografías murieran con él, porque más adelante en el tiempo él no hubiera hecho lo mismo. Decía que los coreógrafos deberían irse a la tumba como los faraones: con sus obras.
| Entrevista de Margarita Pollini |



