10 de junio 2008 - 00:00

"Olmedo me ayudó a perder solemnidad"

Carnaghi: «En los 60, yo era el candidato para hacer enpublicidad el aviso de la hoja de afeitar que al final ganóNorman Briski. Lo que pocos saben es que quien lo dirigióera Pino Solanas».
Carnaghi: «En los 60, yo era el candidato para hacer en publicidad el aviso de la hoja de afeitar que al final ganó Norman Briski. Lo que pocos saben es que quien lo dirigió era Pino Solanas».
Roberto Carnaghi, que en «La vuelta al mundo» está interpretando a Julio Verne, dice que al fin este papel le permite desarrollar al máximo sus naturales dotes de payaso. «Me encanta este tipo de comedia con estética circense. Es un lenguaje que está en mí, yo tengo algo de payaso, sólo que hasta ahora no había podido desarrollarla. Mi Verne es un personaje de trazo grueso que juega con sus propios personajes. En eso somos iguales».

Periodista: Usted comenzó su carrera como actor dramático. ¿En qué momento se pasó al humor?

Roberto Carnaghi: Fue antes de ingresar al elenco estable del Teatro San Martín. Yo había estado dos años sin trabajo y en 1975 me ofrecieron trabajar en el Maipo con Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Ethel Rojo. Al principio yo era malo haciendo revista, hasta que le encontré la vuelta. Venía de la Escuela Nacional de Arte Dramático...

P.: ¿Y no se sintió mal?

R.C.: Para nada. Aprendí mucho de la revista, que tiene su propio código. Por lo general se cree que es puro morcilleo y no es tan así. Me sorprendió el rigor y profesionalismo de estos cómicos. Trabajar con Porcel y Olmedo me ayudó a sacarme el cartón de encima, y como yo siempre fui muy curioso...

P.: ¿Por eso aceptó hacer de travesti en «La jaula de las locas» después que se bajó Fernando Peña?

R.C.: Acepté cuando creí que iba a poder dar con ese personaje. No es fácil vestir-Carnaghi: «En los 60, yo era el candidato para hacer en publicidad el aviso de la hoja de afeitar que al final ganó Norman Briski. Lo que pocos saben es que quien lo dirigió era Pino Solanas». se de mujer e incursionar en el mundo gay, un ambiente con el que yo no tenía nada que ver; pero bueno, escarbando dentro de uno siempre algo se encuentra. Todo hombre tiene un costado femenino y es lindo aprovecharlo actoralmente y no tener miedo al que dirán.

P.: ¿Y le produjo alguna consecuencia este personaje?

R.C.: Sí, un problema de rodillas por usar tacos altos todas las noches.

P.: ¿Le da lo mismo hacer una comedia televisiva como «Aquí no hay quien viva», que un Shakespeare o un Brecht en el Teatro San Martín?

R.C.: Son distintos medios, no hay que despreciar a ninguno. La televisión es maravillosa, aunque es una lástima que no haya más programas de calidad. No digo que todo deba ser «culturoso» porque sería aburrido, pero tampoco hay que olvidar que las minorías tienen sus derechos, y hoy hay una franja de público que no tiene oferta en la TV. En cuanto al teatro, todos los personajes son hermosos, ya sea un Rey Lear o un Julio Verne. Lo fundamental es la obra, el director y los actores. Le doy la misma importancia a un autor nacional que a un Shakespeare o un Molière. Lógicamente, la forma de encarar el trabajo va a ser distinta, pero no menosprecio ningún papel ni lo hago de taquito.

P.: ¿Cómo fue que llegó a la televisión siendo un actor «serio»?

R.C.: A través de la publicidad, donde empecé a hacer cosas más cómicas que en el teatro; aunque al principio me costó mucho conseguir trabajo. Yo iba con la foto y me decían: «Con esa cara difícilmente puedas trabajar en este medio». Gracias a unos amigos que me ayudaron, empecé a tener cada vez más papeles. Fui uno de los primeros actores en hacer publicidad.

P.: ¿Eso fue antes de que Norman Briski apareciera en aquel famoso spot de la hojita de afeitar gritando «No la veo ni la siento»?

R.C.: Justamente, para ese papel competimos los dos. ¿Sabe quién dirigió esa publicidad? Pino Solanas. A mí me había elegido la agencia, pero los clientes lo eligieron a Briski. Yo hubiera podido hacer lo mismo que él, pero me atuve a lo que me pidió la agencia: interpretar a un empleado común.

Briski, en cambio, se manejó con mayor libertad creativa. El siempre fue un muy libre, pero yo en ese entonces no tenía tanta libertad. Todavía no había hecho revista y me faltaba soltarme. Después aprendí.

Entrevista de Patricia Espinosa

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