13 de septiembre 2002 - 00:00

Opera-joya de Donizetti para reír y admirar

«Viva la Mamma», ópera bufa de G. Donizetti. Con A. Negri, R. Falcone, L. López Linares, V. Videla, N. Lara, M. Facal, V. Mautner, P. Toyos, J. Contegni, M. De Salvo y E. Rodríguez. Régie: A. Merli. Ilum.: E. Casullo. Coro y Orq. de la Casa de la Opera de Bs. As., Dir.: S. Frangi. (8/9, Teatro Margarita Xirgu).


E sta es una de las tantas óperas de Donizetti que nos faltaba conocer, en las cronologías figura como «Le convenienze ed inconvenienze teatrali», que en términos modernos, sería el «backstage» de los ensayos.

Estrenada en 1827, con muy buen tino, el regista catalán Andrea Merli (residente en Milán) modernizó los «recitativos», vistió con ropas actuales a cantantes e implicados en la producción y agregó abundantes comentarios sarcásticos e irónicos sobre la situación de la ópera en la actualidad. Vale decir, que en pleno tercer milenio el ambiente lírico sufre los mismos avatares que a principios del Siglo XIX, aparte de la patología del artista y sus constantes preocupaciones: el lugar en el cartel, rivalidad con los compañeros, inconformidad por el vestuario y la voz, que justamente ese día no está allí.

Es una verdadera joyita, con música encantadora y un libreto rebosante de situaciones cómicas, que no veíamos desde 1978. Ejemplo: un tenor entre el público se ofrece a reemplazar al desafinado de la compañía, se presenta como Pepe Fraile y dice venir de Rosario, en clara alusión al tenor José Cura, también oriundo de esa provincia; luego se larga a cantar afinada y correctamente pero con el estilo de Gardel.

Ver travestido de «mamma napolitana» al barítono Leonardo López Linares, registrado como severo personaje de óperas dramáticas, es doblemente gracioso. Está allí para cuidar a su hija, la joven soprano Luigia, pero termina siendo el protagonista central; es desopilante cuando canta «La Canción del Sauce» del último acto del «Otello» de Rossini, también cuando comenta los sonidos de la orquesta con una planta de apio como clarinete. Y el tenor alemán que insiste con tener un aria con trompeta, y el regista que arma el cuadro, pero casi nadie le hace caso; al empresario se le van los auspiciantes, hay que trabajar a «bordereaux», pero como la mayoría del público está invitado no hay plata en caja.

Por supuesto hay una caprichosa «primadonna» que hizo con naturalidad Adelaida Negri, al tiempo que desplegaba todos sus recursos vocales, que siguen intactos. Roberto Falcone hizo muy bien a ese personaje que hay que tolerar por ser el marido de la estrella. Muy bien Vanesa Mautner como el contratenor acosado por el regista jugado con conocimiento por Jorge Contegni. Desopilante el cuadro de ballet, el histrionismo participativo del coro y la orquesta dirigida por Susana Frangi con firmeza. Algunos miembros de la orquesta también pusieron su bocadillo; al ver cámaras de televisión protestaron por el plus.

Hay que agradecer a la Casa de la Opera de Buenos Aires esta exhumación, por la saludable ocasión de poder reírnos francamente con un género que últimamente sólo trae angustias e incertidumbres.

Dejá tu comentario

Te puede interesar