7 de abril 2004 - 00:00
Oscar Wilde por tres en escena con Cibrián-Mahler
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Cibrián y Mahler
Periodista: ¿Qué es lo que más le gusta de esta versión?
Angel Mahler: Que es un cuento muy disfrutable que me conecta con mi parte de niño. En el ensayo general volví a sentir que es un hermoso juego, una fantasía a la que uno se entrega muy placenteramente. Ya en el libro de Wilde hay una interesante contraposición entre los valores espirituales del fantasma y la ridícula conducta de los norteamericanos, que son torpes y materialistas. Es muy eficaz esa mezcla de humor y grotesco con esa historia romántica.
P.: Pero a esa historia romántica Cibrián Campoy le sumó comentario social sobre el mundo de hoy.
A.M.: Sí, pero reconozco que a mí me gusta más la historia de amor que la crítica social. Creo que lo más importante de la obra es la decisión de Virginia de pasar al mundo del fantasma y ver qué ocurre allí. Yo disfruto mucho ese pasaje a un mundo ideal, así como disfruto del final del primer acto de «El fantasma...». Uno de mis temas favoritos de «Las mil y una noches» es «Daría mi reino por ella». Eso es lo que me gustaría sentir por una mujer.
A.M.: ¡Hace doce años que la quiero hacer! Y qué casualidad, me parece que la obsesiónpor ser eternamente jovenes uno de los temas más representativos del mundo de hoy.
P.: Pepe Cibrián dice que los artistas, al igual que el fantasma de Canterville, habitan un mundo más espiritual y sensible que el del resto de los mortales. ¿A usted le pasa lo mismo?
A.M.: No sé si me pasa exactamente lo mismo, pero como músico soy conciente de estar volando todo el tiempo. Es un vuelo del que disfruto mucho porque me animé a jugarme por mí mismo y me salió bien. Hoy a los 43 años puedo hacer lo que me gusta y componer la música que quiero. Retomando el ejemplo que dio Pepe, me siento un mortal que trabaja con la sensibilidad... para ser inmortal.
Entrevista de Patricia Espinosa



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