Venecia (Reuters, ANSA y ASN). Ocurre casi todos los años, pero esta vez más: los conductores de «vaporetti», el medio de transporte habitual en Venecia para cruzar los canales, están de huelga, y amenazan con una general el próximo domingo, cuando se celebre la clausura del Festival de Cine. Así, sólo los privilegiados con embarcación propia, o quienes residan en el mismo Lido, podrían concurrir a la ceremonia de cierre de la muestra.
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Mientras tanto, el Festival continúa, y uno de los títulos que más llamó la atención en estos días es la nueva versión de «Ripley's Game», la novela de Patricia Highsmith que en los años 70 fue llevada al cine por Wim Wenders («El amigo americano»), y que ahora regresa en versión de Liliana Cavani, con John Malkovich en el papel protagónico.
Del mismo modo, Ripley volvió ayer a Venecia 20 años más viejo y más exitoso que en el film de Anthony Minghella de 1999, que estaba basado en otra aventura del antihéroe («El juego de Ripley») también llevada en su momento a la pantalla con Alain Delon en el personaje central («A pleno sol»).
«El personaje es atractivo para la gente porque actúa sin conciencia y pone su propio interés por encima del de los demás, que es algo que la mayoría de nosotros no podemos hacer», dijo Malkovich en la rueda de prensa.
«Mucha gente, en la profundidad de su identidad, le gustaría poder decir, '¿Por qué simplemente no matarlo?' y si uno no se siente tan mal por ello, entonces, ¿por qué no hacerlo? Es una solución clara a ciertas cosas», agregó.
Posteriormente esta misma semana, Malkovich hará su debut como director con «The Dancer Upstairs» («Pasos de baile»), recreación cinematográfica de la captura de Abimael Guzmán, líder del grupo rebelde peruano Sendero Luminoso.
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