Palabra e imagen unidas para reflejar el mundo de Borges

Espectáculos

Saúl Sosnowski (Buenos Aires, 1945), vive en Washington, es profesor de literatura y cultura latinoamericana de la universidad de Maryland, director del Centro de Estudios Latinoamericanos, autor, entre otros libros, de «Julio Cortázar: una búsqueda mítica», «Borges y la Cábala: la búsqueda del Verbo», además de fundador de la revista de literatura «Hispamérica». Mirta Kupferminc (Buenos Aires, 1955) es una destacada grabadora que ha realizado más de cuarenta muestras en nuestro país y en el exterior, ha recibido, entre otros, el Primer Premio del Salón Nacional, el Gran Premio de Honor en el Salón de Santa Fe, Mención de Honor en la Bienal de Grabado de Taipei.

Ambos han concretado un proyecto iniciado hace cuatro años en el que palabra e imagen se conjugan para ingresar en el universo borgeano. La exposición que se exhibe en el Centro Cultural Recoleta «Borges y la Cábala: Senderos del Verbo», reúne 30 aguafuertes y aguatintas de impecable ejecución, con gran predominio de negros y rojos. Destacamos «Las Ruinas Circulares», «Sueño para las Ruinas Circulares», «Aquella Enciclopedia» y «En Praga».

Estratégicamente ubicadas están las sillas, tema que Kupferminc ha abordado con anterioridad, que aluden a Borges y su bastón, a la esencia de algunos de sus cuentos, es decir, las ideas borgeanas llevadas a la tercera dimensión.

Al unir Borges y la Cábala, Sosnowski dice que «se impone señalar diferencias tan fundamentales como las que separan al místico que recorre un sendero minado en el que se dirimen vida y muerte, razón y locura, de las que informan el placer de lo lúdico. Hablar de Cábala es entrar al espacio sagrado de la mística judía arraigada y codificada en principios y en prácticas milenarias, es partir y arribar a un Texto, la Torah, origen del Universo».

A entrar a la sala nos encontramos con la letra hebrea IOD cuya simbología corresponde al Big Bang, una aparición del primer punto del Cosmos. Es así que la muestra se convierte en un recorrido iniciático, una búsqueda del conocimiento, un deseo de acceder a los misterios de la creación.

Kupferminc ha elaborado una iconografía que reúne conceptos del judaísmo; y recalcamos la palabra concepto, ya que está prohibida toda representación, el tigre, la biblioteca de Babel (infinitos anaqueles de galerías hexagonales), vivencias personales, el estudio y la interpretación de la Cábala, un conocimiento que no está oculto pero que sólo lo percibe aquel que quiera acceder a él, los textos de Sosnowski para el libro-objeto cuyas hojas se despliegan en una vitrina que ocupa el centro de la sala.

Esta edición de 25 ejemplares está hecha a mano, un gran mérito de la artista que aprendió a escribir con pluma de ganso de acuerdo a la tradición rabínica. Hacia el fondo la artista ha recreado la imagen de El Aleph, punto donde convergen todos los puntos del universo y que según Borges, lo vio en el sótano de la calle Garay.

Son muy conmovedoras las heliografías que remiten a una oración primordial que se recita todos los días, «Sh'mat», que significa ¡Oye!, y proclama al ser humano como testigo de la creación cuyo gesto de taparse los ojos es una señal de mirada interior. Al terminar el recorrido están «F'taj», cuatro letras que significan «pórtico». «Y sólo entonces se abrirán sus puertas». Está en nosotros querer acceder a la verdad. Clausura el 23 de julio.

  • Grillo Ortiz

    En los últimos tiempos varios artistas abordan a través de diferentes medios la representación del agua: las fotografías directas de Estela Izuel de piletas cerradas, las de Eduardo Carrea, abandonadas y con aguas turbias, las últimas esculturas del pampeano Fernández Olivi y sus ríos de hierro, las pinturas de Damián Puig y las de Oscar «Grillo» Ortiz (Córdoba, 1965) que actualmente expone en Vivendi (Honduras 4660). Licenciado en Pintura de la Universidad de Córdoba, reside en Buenos Aires. Ha realizado muestras en nuestro país y en la galería Praxis de Nueva York y actualmente diseña las portadas de libros y revistas editados por el Instituto Nacional del Teatro.

    Las aguas simbolizan la unión universal de virtualidades que se hallan en la precedencia de toda forma o creación. La inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal con su doble sentido de muerte y disolución pero también de renacimiento y nueva circulación, la inmersión multiplica el potencial de la vida.. Creemos que es con este sentido que Ortiz instala sus pequeños personajes en un horizonte acuoso, inestable, a veces, borroso.

    Pintura delicada, silenciosa, que se contrapone a algunos «paisajes» áridos por su transparencia. «Direcciones Opuestas», «Corrientes Adversas», «Más de un borde», de su serie Arte Protegida señalan los avatares del fluir de las aguas en un lenguaje suavemente expresivo que hace pensar en una veneración por este elemento que aparece de manera transitoria si lo comparamos con la solidez de la tierra, un adjetivo que hoy pareciera no tener validez dada la precariedad e inestabilidad a la que estamos expuestos. Hasta mediados de julio.
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