«La mandolina del capitán Corelli» («Captain Corelli's mandolin», EE.UU., 2000/1, habl. en inglés). Dir.: J. Madden. Guión: S. Slovo sobre libro de L. De Bernieres. Int.: N. Cage, P. Cruz, J. Hurt, Ch. Bale, I. Papas.
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En esta película, ambientada en una bella isla griega durante la Segunda Guerra Mundial, el actor norteamericano Nicolas Cage encarna a un capitán italiano que enamora a una joven nativa encarnada por la española Penélope Cruz. Como la trama también incluye un oficial alemán protagonizado por un británico, se optó porque todos hablen en inglés al mejor estilo del viejo Hollywood.
Cómo será la mezcolanza de acentos, por no hablar del verosímil (en una escena, el italiano le traduce al alemán, en inglés, lo que acaba de decir un griego también en inglés) que hasta la crítica norteamericana lamentó que no se hayan previsto subtítulos, lo que equivale a decir que debió haberse previsto un elenco menos «internacional».
Hablando de verosimilitud, fuera del esplendente paisaje griego, muy bien fotografiado, es bastante difícil creer buena parte de las dos horas y poco de narración. El elenco no ayuda, es cierto, pero el problema fundamental es el guión fabulesco y conversacional al que el director John Madden (el mismo de la ya sobrevalorada «Shakespeare apasionado») adhiere con delectación.
El film comienza mostrando la apacible vida de los habitantes de la isla (Cefalonia), con sus mitos y costumbres ancestrales narrados preferentemente en off. Allí se ve cómo Pelagia ( Cruz) es educada por su padre médico ( John Hurt) en los secretos de la profesión y en los de la vida. Pero, a contrapelo de los consejos paternos sobre que «más le vale enamorarse de un extranjero» que de un aldeano «desigual», Pelagia se enamora de un pescador analfabeto que, tras la ceremonia de compromiso, marcha al frente de batalla a combatir contra los italianos.
Pronto llega un contingente de italianos, liderados por el simpático, torpe y musical capitán Corelli ( Cage) desatando una larguísima sucesión de lugares comunes sobre choque de culturas y desconfianzas mutuas, mientras ocurre el inexorable enamoramiento de la chica con novio ausente y el oficial enemigo, con las derivaciones imaginables. La mandolina que completa el título es clave en éste y en otros asuntos de vida o muerte que vienen después. Eso sí, aunque Cruz llora mucho y Cage sufre lo suyo, jamás la presencia de ambos en pantalla transmite la más mínima emoción.
Tratándose de un episodio con visos históricos, hacia el final habrá una escena bélica con muestras de heroísmo, lealtad masculina y correspondiente demonización de los alemanes.
En medio de todo, es posible reencontrarse con Irene Papas, quien también habla en inglés, por supuesto, pero al menos es griega y, ante todo, una gran actriz.
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