5 de marzo 2008 - 00:00

Peña, a bordo, recrea divertido anecdotario

Peña, a bordo, recrea divertido anecdotario
«Gracias por volar conmigo» de Fernando Peña. Buenos Aires. Editorial Sudamericana, 2007. 272 págs.

En los once años que voló como tripulante de cabina en una aerolínea norteamericana, Fernando Peña pasó por todo tipo de incidentes. Cada vez que el actor los cuenta entre amigos o sobre un escenario todo el mundo quiere más. Esa fue la razón que, dice, lo llevó a escribir «Gracias por volar conmigo»; aunque por debajo asome la necesidad de despedirse de la aviación como es debido, ya que Peña perdió su puesto antes de decidir por sí mismo cuál sería su último vuelo.

Este es un compendio de todo lo que sucede o puede suceder en un vuelo comercial desde el lugar del pasajero, el de la tripulación y el de la compañía aérea. Contra lo previsto, Peña no se limitó a recopilar sus anécdotas más atrevidas y pintorescas (a no preocuparse, que son muchas y ocupan más de un capítulo); también utilizó, con criterio literario, algunos episodios de su vida familiar para describir el nacimiento, desarrollo y realización plena de una vocación que, bien mirada, tiene algo de heroica; de allí la nostalgia que envuelve al relato.

El actor debió abandonar su puesto de jefe de cabina en medio de una gran crisis personal que le permitió dedicarse a la actuación a tiempo completo. Sin embargo, en algún lugar aún sigue añorando ese mundo «plagado de irrealidades, de fantasías y de escapismos». Como diría Tony Soprano: volver al mundo civil hace que la vida pierda todo encanto.

Según Peña, «el trabajo de tripulante es en sí mismo bastante actoral. Uno se siente un poco una estrella de Hollywood». Precisamente, lo más meritorio de esta primer autobiografía es que muestra la contratacara de ese mundo glamoroso: despegues abortados, aterrizajes forzosos, pasajeros psicópatas, pilotos autistas con almas de kamikaze, y los consabidos pozos de aire (algunos tan violentos que llegan a lanzar el carrito de comidas contra el techo del avión como si no nada).

Peña confiesa haber hecho todo tipo de locuras en pleno vuelo, aunque sin dejar de atender a sus pasajeros. La lista de caprichos, fobias y pedidos absurdos que debió soportar durante sus muchos vuelos es digna de figurar en algún libro de récords. Sobre el final, y como regalito para sus fans incluye un texto de su personaje Milagros López, además de un CD con reflexiones extra. Sin ser un manual de autoayuda, «Gracias por volar...» le ayuda a encarar a los más temerosos el próximo vuelo con menos mañas.

Patricia Espinosa

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