(9/01/02) Perciavalle «Al Este en el Paraíso» de C. Perciavalle, A.y G. Tulipano. Dir.: C. Perciavalle. Vest.: M. González, Esc.: A. Zucchi. Mús.: R. Medina. Int.: C. Perciavalle (Teatro de la Laguna, Laguna del Sauce, Punta del Este, hasta el 7 de marzo).
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El escenario no puede ser mejor: la Laguna del Sauce como marco y una espesa arboleda que se recuesta sobre una barranca, en la espléndida casa que Carlos Perciavalle tiene desde hace 30 años en Punta del Este.
A diferencia de veranos anteriores, cuando compartió el mismo escenario con China Zorrilla,Moria Casán o Antonio Gasalla, esta vez Perciavalle está solo. «Antonio iba a venir este verano, pero prefirió ir a Carlos Paz, a Córdoba, y ahora le deben estar pagando con papelitos», ironizó cuando se le preguntó sobre si había renacido su enemistad con Gasalla, algo que por supuesto negó.
Personajes
«Al Este en el Paraíso» es un unipersonal con personajes renovados aunque no muy alejado de lo que el cómico viene haciendo desde sus épocas de café concert porteño. Monólogos y filosos intercambios con el público vuelven a caracterizar esta temporada, que se inició el 2 de enero y se extenderá hasta el 7 de marzo.
Entre los desopilantes personajes que se suceden sin descanso bajo atuendos increíbles se destacan la encarnación de Camila Parker Bowles (la amada eterna del príncipe Carlos de Inglaterra) y el diálogo telefónico imaginario que mantiene vestido de rey medieval con el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani y con Elisa Carrió. Son buenos sketchs en sí mismos y, además, logran distraer del agobio por la crisis económica, que impacta también en un Punta del Este acostumbrado a la masiva presencia de argentinos.
Después, con cortos intervalos para el cambio de vestuario -siempre a la vista del público-Perciavalle introduce las habituales anécdotas de su vida y algunos recuerdos cargados de ese cierto misticismo que el humorista incorporó hace algunos años.
Entre las anécdotas surge el recuerdo de su vestuarista Guma Zorrilla -la hermana fallecida de China-y de Tato Bores. En este fragmento-homenaje del espectáculo, Carlos Perciavalle lagrimea y el público también.
El canto y el baile están presentes en el show, naturalmente, así como otros recursos revisteriles caros al dueño de casa, que se comporta como tal: él mismo recibe a sus invitados y, finalizado el espectáculo, los invita a comer a un restaurante ubicado a pocos metros del escenario y hasta se sienta a compartir un rato en cada mesa.
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