Las ferias del libro ya no son lo que eran. En algunos casos, eso es bienvenido para el mundo literario y editorial, que busca siempre algún debate (cuando no un escándalo) que imponga nombres nuevos y genere más ventas, pero para los organizadores y representaciones diplomáticas, en especial de los países “huéspedes de honor”, sobre los cuales está el foco, a veces el calor de pasa de grados
Feria de Guadalajara puso al rojo vivo la “grieta” literaria del Perú
La nueva generación de escritores, en su mayoría, aborrece características de sus antecesores literarios.
-
Alertan que más del 60% de las mujeres líderes enfrenta barreras incluso en puestos de alta jerarquía
-
Cocina criolla peruana en Retiro: el restaurante de Gastón Acurio y su propuesta de sabores tradicionales
Grieta literaria. Diego Trelles (izq,), nueva voz de las letras peruanas, condenó a Mario Vargas Llosa.
Tal lo que ocurrió en la Feria del Libro más importante de América Latina, la de Guadalajara, México (FIL), la más equiparable en importancia con la de Fráncfort en Europa, que se inició el 26 de noviembre y concluyó el sábado. El calor de su ambiente político marcó la participación de Perú como invitado de honor, a la vez que ha abierto una oportunidad para que nuevas voces de su escena literaria se den a conocer. Los autores de la delegación invitada reconocen la crisis, pero también la oportunidad creativa que trae consigo. La lucha puede ser muy ideológica, pero el capitalismo jamás está ausente. La Feria saludó entonces la pluralidad de registros poéticos y narrativos de la delegación, así como un notorio interés identitario, donde destacan el feminismo y la reivindicación de las lenguas indígenas. Pero las tensiones generadas por visiones políticas contrapuestas casi quiebran la participación peruana en el encuentro.
“Convive un momento que a mí me parece potencial, que tiene potencia, con otro momento que ya representa el pasado, algunos autores que están a la retaguardia y sin embargo son muy leídos”, dijo a la prensa el novelista Richard Parra, de 45 años. El autor de “Resina” (Seix Barral, 2019) cree que el éxito de aquellos autores responde al uso de un lenguaje estándar que se ciñe a modelos consagrados por el mercado “sin mayor penetración lingüística, histórica y literaria”. “La lengua yo la agarro de la calle (...) de ahí la transformo como pueda en otra cosa”, señaló Parra, quien explora la transformación de las palabras y el humor.
Miluska Benavides, reconocida entre los 25 mejores narradores hispanos menores de 35 por la revista británica Granta, resalta también a una generación de autores fruto de un “nuevo paisaje social peruano”. Hija de migrantes andinos, muchos desplazados a grandes ciudades por la pobreza y la violencia de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso en los años 1980, Benavides retoma esos orígenes, así como la influencia de autores como Miguel Gutiérrez o Pilar Dughi. También se asume parte de una escena de “nuevas identidades urbanas a partir de sus propios materiales y origen”.
Pero el afán reivindicativo del gobierno de Pedro Castillo, primer mandatario izquierdista y de origen campesino en décadas, casi descalabra la delegación. En septiembre, su gobierno desembarcó a una decena de autores argumentando que debía privilegiarse a escritores indígenas o provincianos que no habían tenido oportunidad de mostrarse en el escenario internacional. La decisión excluyó de la FIL a autores como Gabriela Wiener, Karina Pacheco o Renato Cisneros y precipitó la renuncia solidaria de figuras como Santiago Roncagliolo.
Incidente similar
El incidente ocurrió días después de uno similar en Colombia, donde el gobierno de Iván Duque chocó con reconocidos escritores que denunciaron haber sido excluidos de la Feria del Libro de Madrid por su posición política.
Roncagliolo explicó que “muchos escritores sintieron que el Estado despreciaba” el trabajo de los autores retirados y por ello abandonaron la delegación. Los “vaivenes de la política” determinaron una selección de autores poco conocidos, incluso para los peruanos, opina Roncagliolo, pero que representan las voces y realidades “diferentes y a menudo contradictorias” del Perú contemporáneo. “Esta feria es una oportunidad para descubrirlos”, dijo el autor de “Abril Rojo”.
También provocó que Mario Vagas Llosa, premio Nobel y figura totémica de la literatura peruana, dijera que se trataba de “una representación lamentable” sin “escritores de verdad”.
Para Diego Trelles, autor de “La Procesión Infinita” (Anagrama, 2016), novela finalista del Premio Herralde, las declaraciones de Vargas Llosa fueron “revanchistas y deleznables”, además de una falta de respeto. “Vargas Llosa también emplea estos espacios que le abren para hacer plataformas políticas”, añadió Trelles, radicado en París. Este escritor liga sus críticas al respaldo que el autor de “Conversación en la Catedral” y “La ciudad y los perros” otorgó meses atrás a Keiko Fujimori, hija del convicto ex presidente peruano Alberto Fujimori (1990-2000), durante las elecciones que finalmente ganó Castillo. El inesperado apoyo del Vargas Llosa llegó tras casi 30 años de haber denunciado al ex mandatario peruano, contra quien perdió las elecciones presidenciales de 1990, como un dictador y un asesino.
La propia FIL enfrenta fricciones internas en México, en particular desde la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
El pasado lunes, el mandatario cuestionó supuestos pagos de los organizadores a Vargas Llosa, también severo crítico de López Obrador. Pese a rechazar su actuación política, Parra y Trelles coinciden en su respeto hacia un escritor “que nos formó”, pero cuyo influjo como “padre literario” va cediendo y dando paso a nuevas propuestas.
- Temas
- Perú
- Libros
- Escritores


Dejá tu comentario