Pinamar (enviado) - Los comediantes María Barranco y Pablo Carbonell con la zafada ternura de «Atún y chocolate», los jóvenes debutantes de «Buenos Aires 100 kms.», buen film rodado en San Andrés de Giles, el muy tocante «Competencia desleal», de Ettore Scola (un tendero cristiano y su competidor judío se hacen amigos durante la Segunda Guerra), y el homenaje a Eva Landeck, una de nuestras primeras mujeres directoras, presentando copia restaurada de «Gente en Buenos Aires», son los hechos más destacables de estos últimos días en el festival pinamarense.
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Lástima que también se destaca el malhumor de un proyectorista que ha rayado una copia (debe ser pariente de aquel del Neptuno que maltrata las del festival marplatense), y el mal estado del parlante izquierdo de una sala, que arruina el efecto del símil dolby colocado poco antes del comienzo del festival. Esto significó además un doble sufrimiento para quienes vieron la uruguayo-argentina «Whisky» (de los mismos autores de «25 watts»), una comedia inteligente, con buenas observaciones, refinado humor visual y marcado rigor estilístico, pero que empieza como veinte minutos después de empezada, y termina de golpe.
A destacar, «Buenos Aires 100 kms», de Pablo José Meza, película deliberadamente pequeña, sobre los clásicos problemas de unos chicos preadolescentes en un pueblo de provincia. Hecha por debutantes, desde el director a los jóvenes (solo uno había tenido cierta experiencia en otro film), interesa por su sensiblidad, frescura, y capacidad evocativa, méritos que ya le hicieron ganar un contrato de distribución televisiva en España, y otro para su estreno en cines de Francia, pero que no le quitan riesgos a su estreno argentino. «Ya trabajé en una películaque fue un fracaso en salas, con sólo 4000 espectadores, y un éxito en cable, con un millón de espectadores en cinco pasadas», comentó el productor ejecutivo Pepe Salvia. «Buenos Aires es un misterio, pero confiamos en que su tono natural guste, por ejemplo, a los españoles, que cuanto más argentinas, más les atraen (a diferencia de los franceses). En todo caso, la obra atrae con la tradición del cine popular de otras épocas, y es más formal que las del joven cine independiente que estamos haciendo en el país». «Y aunque no figure en el catálogo, es coproducción con Francia», dice el agregado cultural Thomas Sonsino, en un aparte del almuerzo que ofreció ayer al periodismo, agregando: «En los últimos siete años, Francia invirtió dos millones de euros en el cine argentino. Esa inversión me resulta muy grata, cuando veo a María Victoria Menis y Leonardo Di Cesare, dos ganadores de nuestro premio Méliès al mejor corto, presentaracá sus películas con tantos premios internacionales» (respectivamente, «El cielito» y «Buena Vida Delivery»).
También puede atribuirse el logro de que Claudio Villarruel, finalista en un lejano Méliès, le haya copiado su reglamento para el concurso de cortos que organiza Telefé. Son formas de interrelación entre las culturas de Argentina y Europa, lo que constituye precisamente una de las bases del festival de Pinamar. En ese sentido, el agregado habla de Europa en términos generales. «Pero lo que acaban de comer es cocina francesa», deja bien en claro.
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