Actuación de David Lebón (voz, guitarra). Con P. Lebón (batería, coros), L. Cotiquelli (bajo, coros), P. Addario (guitarra, coros) y G. de Borbón (teclados). Invitado: H. Starc (guitarra). (La Trastienda, 28 y 29/12). E l tiempo pasó. David «el Ruso» Lebón ha madurado. Pasaron sus romances mediáticos, sus muchos discos, su muy comentada participación en el regreso de Serú Girán, sus comienzos más hippies; y hace ya seis años que decidió radicarse en Mendoza. Pero su estética se mantiene inalterable. Inclusive, hasta podría cuestionársele ese apego a un lenguaje adolescente, idílico, romántico, que conserva aún en sus temas nuevos.
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Estos dos shows de La Trastienda ante poco público -habían sido suspendidos la semana anterior por los conflictos conocidos y siempre es difícil convocar, más en las actuales circunstancias, en la última semana del año-fueron una suerte de presentación de un álbum de «Obras cumbres» que editará próximamente y de otro, con títulos inéditos, que promete también para 2002.
Lebón tiene merecida fama de buen compositor. Y ese talento quedó esta vez reflejado en piezas como «Hombre de mala sangre», «Dos edificios dorados», «San Francisco y el lobo», «El tiempo es veloz», «Sueltaté», «Parado en el medio de la vida», «Creo que me suelto».
Menos logradas, por previsibles y sin gran vuelo poético, resultaron sus novedades «Mendoza», «Latin blues» y «Beatle». Su voz ya no responde como en el pasado; por eso, seguramente, algunos temas hasta cambiaron el registro original. Pero su expresividad permanece intacta. Y su banda -con su hijo en la batería y dos músicos vecinos de Mendoza-, demostró el indudable trabajo de ensayo.
El toque emotivo quedó para la participación del reestablecido guitarrista Héctor Starc que se batió en brillantes duelos de guitarra con Palmo Addario y Lebón en «Mis amigos» y «Sin vos voy a estallar».
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