11 de julio 2003 - 00:00

Poco humor con la vanguardia

Poco humor con la vanguardia
«La noche de las cámaras despiertas» (Argentina, 2002, habl. en español). Guión y dir.: H. Andrade y V. Cruz. Documental.

¿Q ué es esto? Pues, simplemente, la grata, bien entretenida e ilustrada, evocación documental de un amable disparate de 1970, que algunos vivieron como un hecho casi revolucionario, y otros lo vieron como un escándalo de porteños provocadores.

Todo empezó cuando el entonces interventor de la Escuela de Cine de la Universidad de Santa Fe prohibió los proyectos de tesis de unos alumnos. Estos, con sus profesores, buscaron apoyo en algunos cineastas profesionales como Alberto Fischerman, quien ofreció una inmediata propuesta. A un acto de censura, se le respondería con un grupo de cortos que reflexionaran sobre la censura. De miércoles para sábado, en un estudio de Cerviño y Juan B. Justo, se juntaron entonces Fischerman, Miguel Bejo, Julio Ludueña y otros directores de cine publicitario gustosamente dados a la experimentación, y cada uno hizo lo suyo, y ayudó a sus compañeros, todos usando apenas una lata de 16 mm. reversible, blanco y negro, muda, con ingenio.

Cuando los publicitarios vanguardistas, afectos al Instituto Di Tella, llevaron hasta Santa Fe su solidaria colaboración, descubrieron que la película se iba a pasar dentro de un acto político en la sala de un sindicato que, sin dudas, esperaba «otro tipo» de cine vanguardista. El de ellos, apelando a un lenguaje simbólico, mostraba, por ejemplo, una mujer hojeando escandalizada una revista porno con la imagen del Che, un hombre desnudo que iba siendo sistemáticamente limitado en sus movimientos, en fin, fue una función bastante divertida... cuando uno la recuerda 30 años más tarde. Varios participantes, de un lado aportan sus variados testimonios, donde entra la polémica sobre el sentido de las vanguardias y su relación con el público, pero, sobre todo, entra el cariño por un tiempo joven, abierto y generoso.

También son jóvenes quienes supieron de esta historia y no pararon hasta llevarla al cine, con espíritu ágil y entusiasta -y un modo más sencillo y eficaz de comunicarse. Fragmentos de películas de entonces, hoy impensables para muchos, completan el documental, de apenas 62 minutos.

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