El encargado del trabajo sucio es un cualquiera. Pero no cualquiera, cuando hay un espacio vacante, mujer incluida, y una rara ocasión de cobrarse otras deudas con la sociedad, se conforma con un pago desdeñoso. Los cómplices también deberán ensuciarse las manos.
No es necesario hablar de novela negra americana en este asunto de traiciones, pactos de sangre, y vueltas de tuerca que revelan un mundo cruel y engañoso detrás de las buenas apariencias.
Los personajes son unos neuróticos de medio pelo, medio volados, y donde una novela o una película americana hubiera puesto alguna pasión amorosa, una mujer fascinante, y traidora, claro, él pone más de una chica desnuda pero nadie con verdaderas ganas de amar a otra persona. Y al invasor que finalmente hay que expulsar, no lo pinta tanto como un diabólico psicópata, a la manera del actual cine americano, sino como un vivo resentido, que enfrenta a los otros con su propio espejo.
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