13 de septiembre 2002 - 00:00

Potente cuadro de actualidad

El elenco de Pintura fresca
El elenco de "Pintura fresca"
«Pintura fresca», de B. Mosquera. Dir.: P. Palmer. Int.: C. Speroni, M. Barki, M. Zanotta, C. Kusnir, E. Tobal. (Taller del Angel, Sala Niní Marshall.)

E n «Pintura fresca», Beatriz Mosquera logra sintetizar una realidad inmediata que, sin embargo, perdurará más allá del momento, porque todos los personajes poseen hondura y verdad. Es cierto que ha tomado sólo una franja de la estructura social, y que al modo de Emilio Zola, participa del naturalismo más puro. Pero cualquiera con un poco de imaginación podrá reconocerse en algún rasgo de esas criaturas que luchan, cada una a su manera, para defender sus vidas. Y todas tienen razón, aunque sus puntos de vista no coincidan y el resultado derive en angustia y violencia. Cada una hace lo que puede, y como todas están jaqueadas por la urgencia y la falta de horizontes, pueden hacer poco. No quieren lastimarse, pero se lastiman. Se quieren, pero no pueden evitar hacerse daño.

Buscan una salida, pero como cada una de ellas se aferra a sus razones, el resultado inevitable es el enfrentamiento.

La excepción es el manso, un paraguayo indocumentado, que no piensa en sí mismo y busca sólo ayudar a los demás.

Construcción

La obra es fuerte, está bien construida y el diseño de los personajes es preciso, a pesar de la complejidad de sus problemas.

La autora ha contado con una directora de actores excelente.
Patricia Palmer ha sabido comunicar al elenco de energía precisa, dotando a cada personaje de una verdad conmovedora. Maneja los diferentes climas con seguridad y mesura, evitando desbordes, sin timideces cuando debe enfrentar la violencia de algunas situaciones francamente riesgosas.

El elenco no presenta fisuras. Cada uno de ellos encarna a su patética figura con apasionada convicción, y los vínculos que los unen, como una cadena, están explicitados con rigor y exactitud.

Filo, la madre tana, encarnada por Catalina Speroni, desgarrada por el amor que siente por sus hijos, adquiere en su interpretación una nobleza que reside en la verdad con que expresa sus sentimientos. Y aunque el personaje podría tentarla a ello, no cae en ningún momento en la «macchietta». A pesar de su simplicidad, Speroni logra que su criatura inspire respeto.

Coco Kusnir, como «Polo, el Paraguayo», es también un dechado de mesura. Su caracterización dota a su personaje de una finura interna que se impone a pesar de su cortedad, a fuerza de bondad y de ternura.

Matías Barki
personifica al Cholo, un hombre que ha perdido su trabajo y con él, el sentido y la dignidad de su vida. Como es débil, se refugia en la bronca y cuando expresa sus razones en el monólogo, es imposible no identificarse con él, aunque su elección prenuncie una tragedia. Muy buen trabajo.

Magela Zanota,
como Chela, la muchacha que trata de escapar de la cárcel de las privaciones y aspira a una vida mejor, pone al servicio de su personaje intensidad y frescura. Lo mismo que Eugenia Tobal, simpática y creíble como «La Piru», una simple muchacha de barrio, cuya aspiración es llegar a cosmetóloga.

En definitiva: una obra potente, dirigida con inteligencia y magníficamente interpretada.
 
Un solo pero... La escenografía que intenta recrear el ambiente de una casa modestísima, pero no está acorde con la síntesis lograda. Un mayor despojamiento habría favorecido el espíritu de la pieza.

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