9 de octubre 2003 - 00:00

"Prefiero manejar un taxi a mercantilizar mi música"

Prefiero manejar un taxi a mercantilizar mi música
Aunque hace ya 15 años que reside en París y no tiene planeado, por ahora al menos, reestablecerse en la Argentina, pareciera que finalmente se ha producido el encuentro de Raúl Barboza con su país. Nacido en Buenos Aires, pero con padres de origen guaraní, este gran acordeonista que revolucionó la música del litoral argentino y al que en Francia llaman «embajador del chamamé», está encontrando también aquí el reconocimiento que durante años le fue negado, al punto de hacerlo emigrar. Ahora está nuevamente de visita para presentar el sábado en La Trastienda -luego en el interior-, su nuevo disco «
Cherógape», grabado en vivo en Buenos Aires hace un año y medio, y para acompañar el lanzamiento de la película «Raúl Barboza, el sentimiento de abrazar» dirigida por Silvia Di Florio, que se verá a partir del 17 de octubre en el MALBA.

Periodista:
Cambió de país, pero no cambia su música.

Raúl Barboza: Yo vengo de una familia en que mi padre tuvo que trabajar mucho para poder mantenernos. Eso me ha marcado el rumbo. Por eso, pese a que he pasado momentos muy difíciles, antes aquí y también en Francia al principio, nunca he hecho concesiones en mi música. La música es algo sagrado y nunca la quise mercachiflear; he preferido manejar un taxi antes que pervertir mi música.Y créame que he tenido ofrecimientos, y de mucho dinero, para hacer un chamamé más vendible y hasta para cambiar mi nombre.


P.:
El chamamé fue siempre considerado menor respecto de otras expresiones folklóricas. ¿Eso sigue siendo así?

R.B.: A mis 8 años no me dejaban tocar chamamé porque era una música que no merecía respeto. Ahora encuentro chicos jóvenes, algunos muy talentosos, que están haciendo esta música. Evidentemente, algo ha cambiado, aunque siempre hay una discriminación. Creo que eso está en los seres humanos; siempre buscamos algo o alguien para discriminar. Quizá sea el miedo a lo diferente o a lo desconocido.


P.:
Compró un departamento en Buenos Aires, tiene nuevo disco argentino y se estrenará una película en su homenaje. ¿Esto significa una suerte de lento regreso a la Argentina?

R.B.: Mi mujer piensa que cuando seamos viejos, o más viejos, tendremos que acomodar el esqueleto en un lugar en que no nos corran. Y a lo mejor ese lugar es aquí.Yo amo a mi país; nací aquí. También amo a Francia, un país que me abrió las puertas y en el que tuve que comenzar casi con 50 años, a la edad que mucha gente se jubila. Nosotros -y hablo en plural porque todo lo hacemos juntos mi mujer Olga y yo-no somos de planificar tanto. A mí me gusta que la ola me vaya llevando; y debo decir que la vida ha sido muy cariñosa conmigo. He vivido muchas cosas y honestamente sólo recuerdo las buenas, la gente que me ayudó --como lo hizo Piazzolla en mis comienzos parisienses.


P.:
A la vista de su prestigio internacional, se puede decir que para usted se terminaron los problemas económicos y aquella discriminación de la que hablaba...

R.B.: Al regreso tengo un concierto el día 8 de noviembre en Francia, solo. Después, el 14, otro con otros colegas acordeonistas. Después me voy de gira a la zona de Africa del Sur. Quiero decirle que ahora soy solicitado, para tocar en los lugares más remotos del planeta y junto a los músicos más importantes de todos los géneros. Esto de ser requerido me genera a la vez un honor y una gran responsabilidad. Por eso sigo estudiando, música, inglés, para poder comunicarme mejor con la gente de distintos lugares. Estoy trabajando en unas músicas para orquesta sinfónica que se estrenarán en Europa y que ojalá puedan luego ser escuchadas también aquí. Estoy armando un proyecto con el percusionista santiagueño Héctor Gómez para tocar con un grupo de percusión con músicos de diferentes lugares. En fin, no me detengo y trato de hacerme cargo del lugar de privilegio que me ha brindado mi música.


P.:
¿Siente que ha perdido parte de sus raíces viviendo en Francia?

R.B.: Si uno va con los brazos abiertos, ávido de aprender, no se pierde nada. Me alimenta relacionarme con músicos de todas partes. He descubierto que hay músicas en los lugares más alejados que tienen que ver con las nuestras, como sucede en una región de la India -que fue conquistada por portugueses-donde tienen una música cercana al chamamé; o con algo cercano a la chacarera que escuché en la zona árabe de Africa; o con la semejanza entre el rasguido doble y algunos toques de tambor africanos. Lo importante es tener la inteligencia como para sacar lo que se pueda y utilizarlo. Como ocurre con la palabra hablada, finalmente, el acento local nunca se pierde.


Entrevista de Ricardo Salton

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