Premian en Bariloche arte joven de perfil surrealista

Espectáculos

Bariloche - El arte decididamente provocativo de los jóvenes artistas Pablo Rosales, Isabel Peña y Nicanor Aráoz llegó la semana pasada a la Patagonia, ocupó un escenario no convencional y rompió durante unos días la rutina de un hotel de Bariloche. Los tres ganadores del Premio Hotel Panamericano adaptaron sus proyectos a la modalidad site specific, es decir, a las obras hechas «a medida» para un lugar determinado que, hoy, el nomadismo artístico y las exigencias de ferias y bienales han puesto en el candelero. Así, la subordinación de la obra al espacio fue una característica dominante del Premio que, propuesto por la empresaria hotelera Silvana Relats y diseñado por el artista Lucio Dorr convocó artistas menores de 35 años de todo el país.

El jurado integrado por Dorr, el secretario de Cultura de Rosario Fernando Farina, el director de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura nacional Andrés Duprat y los artistas y docentes Pablo Siquier y Esteban Alvarez, seleccionó el proyecto ganador de Rosales, «Mondrian redondo». La obra en cuestión es una intervención en las más de 300 luces cenitales del hotel que, como se puede deducir por el título, tienen forma circular.

Con los radiantes colores rojo, amarillo y azul, y las negras bandas divisorias de Mondrian, pero con las distorsiones impuestas por la forma de los plafones de luz, el hotel cambió para siempre con este premio adquisición los tonos neutros de sus espacios. La fotografía de Peña reproduce, en grandes dimensiones, el rostro de un empleado del hotel que se asoma al lobby con su gesto franco. La imagen sorprende a los pasajeros, habituados a la decoración convencional de los hoteles. El mismo efecto provoca la foto-mural de Peña que prolonga como un espejo un amplio pasillo. En ese espacio ilusorio y en medio de una penumbra que genera un clima misterioso, hay dos personajes dedicados a la limpieza.

Las obras de Araoz son atrevidas, expansivas y significativas. Con sus extraños monumentos, una performance y un video, el artista acierta a expresar algunas sensaciones propias de la vida en un hotel: la alegría que suele provocar la llegada, la nostalgia de la despedida, la fugacidad de los encuentros y desencuentros o el vacío de las horas muertas en un lugar que siempre es ajeno. Para comenzar, en uno de los salones Araoz superpone tres sillones en inestable equilibrio, que ostentan lápices de colores clavados en su superficie, unos cubos de Rubik y restos de maíz inflado.

La irrealidad de la obra evoca, en una clave muy actual, el viejo encuentro surrealista del paraguas con la máquina de coser. También el video de la performance tiene un personaje surreal, un payaso que parece escapado de la sala de flippers. Con el estilo de Hollywood (acentuado por la música de «La novicia rebelde»), el artista presenta dos bellas mucamitas ataviadas con sus uniformes negros, sus cofias y delantales blancos llenos de puntillas, que parecen representan todas las coqueterías de un cinco estrellas.

En una enigmática escena, el payaso rompe unas paredes de colores, y en la toma siguiente se ven los fragmentos en un mundo dado vuelta. El video culmina en la terraza, con el mayestático paisaje de la montaña y del lago como telón de fondo, mientras las mucamitas manipulan los cubos mágicos tratando de desentrañar su secreto. El enigma no sólo se resiste a sus afanes sino que, en el contexto de la obra de Araoz, adquiere una dimensión que sobrepasa la del juego. En suma, con sus diferentes estilos, los tres artistas pusieron en jaque al jurado a la hora de definir los premios.

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