Barcelona (AFP y Especial) - El Premio Planeta no atraviesa buenos momentos. Después del affaire Piglia en la Argentina, el pasado fin de semana hubo otro tipo de polémicas, en España, por el triunfo -sin unanimidad del jurado- de Mari Pau Janer. Este vez, sobre el pésimo nivel literario de la mayoría de sus más de 400 participantes.
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El mediático peruano Jaime Bayly fue finalista con la obra «Y de repente un ángel», una novela, como la mayoría de las obras de este escritor, de corte autobiográfico, dedicada a la asistenta que cuida de sus dos hijas. Un día antes de la reunión del jurado, uno de sus miembros, el escritor catalán Juan Marsé, miembro en sustitución del fallecido Manuel Vázquez Montalbán, abrió el fuego y deploró el «bajo nivel», casi «subterráneo» de los 417 originales recibidos (140 de Latinoamérica), que llevaron a él y sus colegas a premiar a la novela «menos mala».
En los últimos años, el rigor del premio -que no puede ser considerado desierto- fue puesta en tela de juicio desde algunos círculos, o porque se ha llegado al día de la concesión generalmente sabiendo nombre de ganador y finalista, o porque escritores como Miguel Delibes o Ernesto Sábato renunciaron a recibirlo. El primero denunció que «le habían ofrecido ganar directamente la edición de 1994». Janer, ganadora de esta controvertida 54 edición del Premio Planeta 2005 con su obra «Pasiones romanas», pidió que ho se haga una bola de nieve a partir de las opiniones de Marsé, ya que las consideró «una anécdota». Ganador de este premio en 1978 con «La muchacha de las bragas de oro», Marsé fue entonces también motivo de debates ya que era la primeravez que el premio caía «a la izquierda», según recuerdan quienes siguen el premio desde entonces.
Un año después lo ganó Manuel Vázquez Montalbán, cuya muerte hace tres años dio paso a Marsé, esta vez en el jurado y que ya en la edición anterior mostró su desacuerdo con el veredicto final. Después de conocido el fallo, en la multitudinaria rueda de prensa tras la cena, Janer intentó desdramatizar el tema y dijo que interpretaba que Marsé debía cumplir con su papel de «enfant terrible», a lo que el escritor respondió: «Hablo de literatura, no de vida literaria que es muy distinto». «Pasiones romanas» narra cómo un conocido abogado que espera un vuelo en un aeropuerto para regresar a su hogar, debido a una circunstancia casual, recuerda un antiguo amor de diez años, y en el último momento cambia sus planes y también el rumbo de su vida. Marsé afirmó que un premio de las características del Planeta le plantea «dudas» desde el punto de vista literario. «Hoy soy miembro del jurado, no sé si seguiré. Si les gusta bien, y si no también», sostuvo. Tras definirse como la «oveja negra» del jurado y aclarar que no votó a ninguna de las finalistas, Marsé no quiso presentarse como «aguafiestas», pero dijo que la novela ganadora tiene un ritmo narrativo «lento y meticuloso» que llega a « impacientar», asegurando que a lo largo del texto se ve «la carpintería, las tuberías y las ínfulas literarias».
Si bien no tan claramente, otros dos miembros del jurado se refirieron al bajo nivel de los originales: la catalana Rosa Regás y la uruguaya Carmen Posadas, quien lamentó también ese descenso del nivel en la voluminosa presencia latinoamericana.
De la obra finalista, «De repente un ángel», de Bayly, Marsé dijo que, aunque hay un planteamiento inicial que le «interesó muchísimo», no está «bien acabado». «Son novelas con buenas intenciones, pero no están bien acabadas», añadió. Dotado con 601.000 euros para el ganador y 150.000 euros para el finalista, este premio instituído en 1952 se convirtió en un acontecimiento no solamente literario sino social.
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