La arquitectura es una de las actividades más antiguas de la humanidad y la más ligada a la existencia del hombre. La década de 1960 presenció, en la Argentina y en todas partes, un verdadero reflorecimiento de la arquitectura. Un fenómeno que volvería a darse con mayor intensidad en 1983.
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Nació entonces la Bienal cuya primeraedición se realizó en 1985, también para dar respuesta a una necesidad: la de reunir en Buenos Aires, a los arquitectos del mundo con los de nuestro país, sumando a la letra impresa de diarios y revistas especializadas, la voz actuante de los protagonistas.
Que la respuesta era indispensable, y que resultó oportuna y valedera, lo demuestra el eco alcanzado por la Bienal desde su comienzo, un eco que las sucesivas ediciones no hicieron sino acrecentar, y el prestigio del Centro de Arte y Comunicación, su organizador durante los últimos 23 años.
La arquitectura ha trabajado en este mundo convulso, turbulento, en busca de un mundo mejor. La Bienal de Buenos Aires puede ofrecer testimonios de esta búsqueda incesante, que armoniza los adelantos tecnológicos con la creatividad artística y las necesidades éticas.
En estos tiempos no hay estilos, hay arquitectos. La arquitectura se ha personalizado, dejando atrás la época teóricamente heroica de los manifiestos y los dogmas, las escuelas y las tendencias. Si se quiere, el arquitecto es -y sin teoríasun héroe decisivo de la vida actual, no precisamente en el sentido originario de «semidios» que le daban los griegos, sino en el sentido rescatado por Baudelaire hace un siglo y medio, esto es, la noción de contribuir decididamente a formar el tiempo y la sociedad en que se vive, a defender la escala humana y luchar por ella. El pasado de la Bienal de Buenos Aires y su presente edición, del 19 al 23 de septiembre próximo, se conjugan para fortalecer esta imagen del arquitecto.
Participarán Jan Kleihues ( Alemania); Wolf Prix (Austria); Paulo Mendes da Rocha y Carlos Bratke (Brasil); Dan Hanganu (Canadá); Cristián Boza y Enrique Browne (Chile); Laureano Forero (Colombia); Junsung Kim y Byeong Joon Kang (Corea); Sasa Randic (Croacia); Juan Herreros y Rafael de la Hoz (España), Ian Hoogstad ( Holanda); Ivan Nieder (Hungría); Alan Mee (Irlanda); Franco Purini (Italia); Dennis Sharp (Gran Bretaña); César Pelli (EE.UU.), y Julio Sanguinetti ( Uruguay).
Cuando decimos se ha personalizado no implica que este fenómeno haya revertido en una suerte de diáspora universal, en que nadie se comunica ni se relaciona, en que cada uno se mueve solo sin ligarse a otros. Por el contrario, la personalización ha traído una nueva unión, que se acrecienta día a día. Si bien trabajan por separado, aunque tantas veces se asocian varios estudios para la realización de una obra, nunca como hoy, en su larga historia, los profesionales han trabajado con tanta reciprocidad, con tanto interés común.
Es cierto que los aviones y las computadoras han eliminado las fronteras, que Internet funciona en tiempo real, pero también es cierto que ni los aviones ni las computadoras pueden establecer por sí solas esta creciente unión, que surge desde el espíritu mismo del hacer arquitectónico sobre el que opera la eterna utopía de ofrecer espacio al hombre. Utopía, porque la arquitectura lo es en principio desde siempre, y porque es un plan de acción, no un plan de evasión. Por eso,el poeta francés Lamartine sostuvo con acierto que las utopías son, en la mayoría de los casos «verdades anticipadas». Intenta contribuir al diseño de un mundo mejor, sin aguardar a que el universo que hoy tenemos, termine algún día.
Las ideas tradicionales del planeamiento urbano tienden a buscar la simpleza y el orden, la homogeneidad. Sin embargo la situación urbana de nuestro tiempo se revela como una verdadera masa de oposiciones y disyunciones. Aceptar este estado dinámico en lugar de persistir en la obtención de un estado inmóvil es aplicar a la tremenda energía de la ciudad una utopía y debe ahora empeñarse en crear la utopía como ciudad. No está demás insistir, y menos en estos tiempos, que la utopía es un plan de acción hacia el futuro, sostiene el Comité de la Bienal, integrado por los profesionales Roberto Converti, Enrique Cordeyro, Juan Carlos Fervenza, Matías Gigli, Fabio Morales, Miguel Pato, Enrique Pichon Rivière, Carlos Alberto Sallaberry, Clorindo Testa, Jorge Turjanski y quien esto escribe.
Hay como un temor al presente, y por eso se romantiza el pasado, haciendo de él un modelo de estabilidad y seguridad, mientras se sigue sin profundizar el conocimiento de aquellos hechos que hoy infunden vida a la ciudad. Vale la pena citar la Declaración de La Sarraz, emitida en 1928 por los arquitectos reunidos en ese lugar de Suiza: «Insisten en particular sobre el hecho de que 'construir' es una actividad elemental del hombre, ligada íntimamente a la evolución de la vida. Hoy afirman la necesidad de una concepción nueva de la arquitectura, que satisfaga las exigencias materiales, sentimentales y espirituales de la vida presente [...] porque el destino de la arquitectura es expresar el espíritu de cada época».
Si las grandes contiendas del '14 y del '39 generaron los CIAM y la UIA -recordemos que la hoy sepultada Carta de Atenas, liderada por Le Corbusier, apareció en 1941, cuando los bombardeos aéreos destruían muchas de las ciudades cuyo análisis había servido de base a las observaciones del documento-, ¿por qué la paz no ha de repetir compromisos similares?.
En distintas ediciones de la Bienal se ha sostenido que la arquitectura no puede olvidar que sólo a partir de la comprensión de las contradicciones y los choques de nuestro tiempo, hallaremos la salida para este «malestar de la cultura», en términos de Freud, que hoy sufrimos. La arquitectura debe, pues, tomar nota de lo no terminado, lo no dicho, lo no querido, lo no previsto, lo no común, lo (aparentemente) no racional, para que su vasto poder actúe a favor de la ciudad.
La Bienal de Buenos Aires es el resultado de la integración y del pluralismo. Y, si de futuro se trata, pretende seguir siéndolo en sus ediciones venideras.
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