25 de noviembre 2002 - 00:00

Propuestas diversas dan energía al arte

Las actividades del mundo del arte mantuvieron durante la semana pasada un ritmo agitado que comenzó el lunes con la exitosa fiesta a beneficio del Museo de Arte Moderno, donde un auténtico club de amigos convocó a más de 300 personas. Entretanto, artistas, críticos y galeristas colmaron el auditorio de la Biblioteca Nacional, durante tres extensas jornadas que se prolongaron en comidas y mesas de café, dedicadas a analizar el cambiante territorio de la cultura actual.

El seminario, organizado por Teresa Anchorena, directora de Cooperación Internacional de la Secretaría de Cultura de la Nación, y dictado por el nigeriano Okwui Enwesor, curador de la última Documenta de Kassel, la británica Iwona Blazwick, directora de la prestigiosa Whitechapel de Londres, y el curador argentino radicado en EE.UU. Carlos Basualdo, se inició con una intimidante densidad teórica pero se abrió finalmente a un apasionante debate.

• Temario

Surgieron temas como las tensiones entre los países desarrollados y subdesarrollados, el arte postcolonial, las expresiones políticas en la obra contemporánea, el papel de los curadores e instituciones y las restricciones que enfrentan, los discursos hegemónicos, las posibilidades de emancipación y demandas de democratización y, por supuesto, los cambios que en este sentido se concretaron en Documenta, fundamental-mente con discusiones en geografías ajenas a Kassel, como la nuestra.

El miércoles, el vernissage de la muestra «Doma + mumi + ueno» en el MALBA, tornó evidente la ductilidad de una institución que acaba de cumplir su primer aniversario y se inició al compás de los precios récords pagados por una colección de obras cumbre del arte latinoamericano, para adaptarse a los cambios, seguir el ritmo de efervescencia creativa y posicionarse como receptor de talentos emergentes. Se trata de la primera exposición del grupo Doma, que acaba de ganar el premio «Curriculum 0» en la galería Ruth Benzacar, junto a las fotografías de Mumi y Guillermo Ueno, presentados por el crítico Rafael Cipolini.

Al ingresar al MALBA, las escalinatas del hall central se ven ocupadas por dos centenares de conos de seguridad que sirven para demarcar recorridos o zonas de riesgo en las calles. Adheridas a las paredes laterales y el piso, tres siluetas humanas evocan un episodio violento; el espectador, obligado a transitar una senda, se ve atrapado en medio de la tragedia.

Una serie de cámaras de seguridad captan imágenes de diversas salas del Museo, pero están sabiamente alternadas con situaciones de ficción y hechos de violencia que podrían estar ocurriendo. Una serie de fotos con motivos luminosos que se encienden por medio de sensores automáticos, muestran un choque, un suicidio y un disparo a quemarropa. Se trata en todos los casos de obras intensas, pero resueltas con impecable virtuosismo, que reflejan de modo dramático y elocuente la actual sensación de inseguridad que padece la gente. Entretanto, las apacibles imágenes campestres de Ueno, ofrecen un respiro y equilibran el tono de la exhibición.

Sin embargo, para advertir la evolución de una institución pensada para albergar una colección de obras consagradas y reunida con criterios ortodoxos -como el de seleccionar piezas de primera época y sólo las que ostentan condiciones museísticas-, así como para percibir el clima de movilización que hoy viven los artistas, nada mejor que internarse en las entrañas del MALBA, donde subrepticiamente se está formando una colección clandestina.

Pasando las zonas duras, la salas de máquinas, depósitos y oficinas, en el taller de montaje, un equipo de trabajadores del Museo, algunos artistas y otros interesados en la crítica, exhiben una colección que arranca con una obra de
León Ferrari y culmina con las siluetas de Doma. Lo interesante, son por un lado las disidencias estéticas con la colección del Museo, y a la vez algunas similitudes, ya que figuran artistas como Félix González Torres, Román Vitali, Tamara Stuby, Esteban Alvarez y Ueno, que presentaron sus obras en el MALBA.

• Crecimiento

Por otro lado, mientras la institución suspendió la adquisición de obras, sorprende el aumento vertiginoso de piezas que se suman casi día a día a la nueva colección. Entre las más interesantes figuran las de Beto De Volder, Fernando Brizuela, Gabriel Valansi, Pablo Ziccarello, Benito Laren, Leo Battistelli, Laura Scotti, Mariano Dal Verme, el Grupo Mondongo, Nazarena Pereyra, Marcolina Dipierro, Celedonio Loidoy, Graciela Hasper y Marina De Caro. Los criterios curatoriales que privilegian el arte de la década del noventa hasta la fecha, corren por cuenta de Brizuela, De Volder, Alejandro Vautier y Mariano Dal Verme.

En todo caso el jefe de curadores del MALBA,
Marcelo Pacheco, con una semisonrisa, deslinda toda responsabilidad profesional. Al igual que la curadora Victoria Noorthoon, quien no deja de reconocer sin embargo, el poder de convocatoria del equipo de montaje. Lo cierto es que hoy, un pequeño museo está formándose solapadamente dentro del Museo.

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