4 de octubre 2002 - 00:00

"Quien no cambia es un aburrido"

"No puedo decir que es el último paso en mi carrera, pero estoy muy feliz haciendo tangos", dijo a este diario Julia Cinche en vísperas del recital que dará esta noche en el Espacio Cultural ND/Ateneo. Su alegría tiene buenos fundamentos. En el álbum «Sin rótulos», del '95, había incluido un par de títulos tangueros: «Nada» y «Cuando tú no estás». Pero el gran cambio se produjo cuando, después de escucharla en la la obra de Alejandro Dolina, «Lo que me costó el amor de Laura», Horacio Ferrer pensó en ella como la voz femenina indicada para la nueva versión de la pequeña ópera «María de Buenos Aires», con música de Piazzolla. «Desde ese momento, estoy teniendo un reconocimiento, fundamentalmente en el exterior, que nunca había tenido antes», confiesa la cantante. A partir de esa grabación -junto a Jairo, Ferrer y con dirección musical de Gidon Kremer-, Zenko se lanzó más decididamente a cantar tangos, en un espectáculo con un repertorio mayoritariamente piazzolleano, registrado en el álbum «Tango por vos», que acaba de ser nominado para los premios Grammy Latinos. Su agenda internacional, como parte de la operita o como solista con distintos músicos europeos, la ha llevado ya a lugares como Estambul, Riga, Vilnius (Lituania), distintas ciudades de Noruega, donde compartió el trabajo con el grupo Tango For 3 y con el bandoneonista Arne Glorvigen, y varios puntos de Brasil. Julia Zenko aclara sin embargo que «esto no significa que haya decidido dejar de cantar otras cosas».

Periodista: En otros tiempos hubo quienes le reprochaban recorrer demasiados géneros distintos...


Julia Zenko:
Para bien o para mal, yo siempre elegí lo que me hacía bien a mí. Y creo que si nunca vendí muchos discos no fue porque cambiara de repertorios. A lo mejor, nunca había tenido la suerte de encontrar a alguien que me apoyara totalmente en lo económico, que creyera en mí más allá de las canciones que hiciera. De todos modos, mirando para atrás siento que fue bárbaro todo lo que me pasó; gracias a todo eso es que ahora puedo disfrutar del lugar en el que estoy.

P.: Aparte del repertorio, hubo cambios de estilo muy marcados en sus discos y sus shows.


J.Z.:
A lo mejor me estaba buscando personalmente. Lo que siempre tuve claro es que quería cantar. Lo que pasa es que al no ser compositora, la búsqueda sobre qué cantar implica una trabajo adicional. Y si usted habla también de los cambios de aspecto físico, le diría que siento que la persona que no cambia es una persona aburrida. En algunos aspectos -el de la familia, por ejemplo-soy muy conservadora; pero en otros terrenos me gusta cambiar y no me arrepiento de hacerlo.

P.: Pero parece que, al menos por ahora, se queda con el tango.


J.Z.:
Nunca creí, como hice ahora, que grabaría un álbum dedicado a un solo género. Siempre me molestó que me dijeran, como crítica, que hacía de todo. Nunca manejé mi carrera como un negocio y traté de hacer siempre lo que me gustaba. El tango llegó más tarde; a lo mejor, en el momento en que tenía que llegar. Me parece que en Argentina somos demasiado prejuiciosos; nos dan miedo las cosas nuevas. Se supone que un artista que comenzó cantando baladas, tiene que morirse cantando baladas. Yo soy distinta en ese sentido. Cuando el tango llegó me reencontré casi sin darme cuenta con mi pasado, con mi porteñidad, con mi padre inmigrante. Pero no dejo de cantar otras cosas.

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