19 de junio 2001 - 00:00

"Quise hablar de gente que vive en una pecera"

Eva Halac.
Eva Halac.
(18/06/2001) La directora Eva Halac ha estado asociada siempre al teatro de objetos para adultos del que, sin duda, fue una de sus pioneras en la Argentina. Obras como «Sonata de Otoño» (1993), «La invención de Morel» (1995) o «La Divina Pintura» (1996) pusieron de relieve la extrema sensibilidad y dominio estético de esta joven creadora. Sin embargo, en «Los pianistas», la pieza que acaba de estrenar en el Teatro Sarmiento, la directora ha preferido dejar de lado los títeres y centrarse exclusivamente en el trabajo de sus actores: Francisco Napoli, Diego Starosta y Hernán Jiménez.

Periodista: ¿Por qué cree que fue tan elogiada su puesta de «Sonata de Otoño» de Valle Inclán?

Eva Halac: Entre otras cosas por la novedad. En ese momento ya se empezaban a conocer algunos trabajos del «Periférico de objetos», pero ellos los montaban sobre una mesa. En cambio yo utilicé toda la sala Cunil Cabanellas. Creo que eso llamó mucho la atención, lo mismo que «La invención de Morel» que tenía un montaje de gran complejidad que nos llevó más de un año de trabajo.

P.: ¿Cómo fue qué empezó a trabajar con títeres?

E.H: Los conocí porque estaban en casa, mi madre era titiritera. Después, cuando empecé a elegir materiales para mis puestas, vi que iban a funcionar mejor con títeres, no me los imaginaba con actores.

P.: Pero en sus últimos espectáculos le fue dando más lugar a los actores que a los títeres.

E.H.: Es cierto y en éste que voy a estrenar directamente no hay títeres. El texto que escribí es para actores, si surge alguna ráfaga titiresca es porque apareció en los ensayos, no porque yo lo haya previsto. Se trata de personas que viven dentro de una pecera, en una casa de familia. La acción transcurre en una época donde los humanos son mascotas.

Dimensión

P.: Parece un capítulo de «La dimensión desconocida».

E.H.: Sí, uno de mis actores me dijo lo mismo. Lo único que se ve es lo que pasa dentro de la pecera, a la familia sólo se la oye. La pecera puede ser lo que el espectador quiera, no la pensé como una alegoría, simple-mente me concentré en que esa situación se viera lo más natural posible. Uno de ellos llegó a la pecera de muy chico y no recuerda nada, otro vino después escapando de otra pecera. Nadie se comporta extrañamente porque todos son humanos, sólo que manejan una lógica distinta y viven dentro de una situación muy particular.

P.: ¿Por qué el título «Los pianistas»?

E.H.: Surgió porque estaba en el guión. Los personajes recuerdan pocas cosas de su vida anterior, pero de a poco van descubriendo que tienen algo en común, el recuerdo de un piano.

P.: ¿Qué es lo que tiene en cuenta a la hora de elegir entre títeres y actores?

E.H.: Siempre que trabajé con títeres lo hice desde un sentido plástico y con la colaboración de algún escultor. Tengo un sentido de lo bello bastante clásico, dentro de las necesidades y particularidades de cada caso, e incorporo al teatro todas las artes, por eso me gusta tanto la ópera (el año pasado dirigió «La serva padrona» de Gian Baptista Pergolesi en el Teatro Argentino de La Plata) es la idea wagneriana del teatro.

P.: Hay quienes piensan que el títere resuelve ciertas limitaciones del actor.

E.H.: Esa me parece una idea muy pobre. A mí no me interesa qué puede hacer el títere en cuestiones físicas. Pensar que porque se le puede cortar la cabeza es mejor hacerlo con títeres que con personas es una idea muy mediocre. Es más interesante hacerlo con un actor y tomarse el trabajo de pensar más. Me interesa lo que provoca la marioneta, su expresión, la mueca fija... Para mí la división no pasa por lo que puede hacer un muñeco y no puede hacer una persona, sino por una razón plástica. Es como si nos pusiéramos a pensar qué puede provocar el uso de colores que saturen o un determinado tipo de brillantina. Insisto, es una cuestión plástica.

Dejá tu comentario

Te puede interesar