24 de diciembre 2001 - 00:00

Reaparece un ícono del pop español de los años '70-'80

Fue famosa en los '70 y '80. Luego llegó el declive de los '90, con dos discos fallidos, los rumores de decadencia total, y para desmentirlos, un desnudo en la tapa de una revista con el que, ella misma dice, "¡se armó la mundial!". Trinidad Pérez Miravete, conocida como Mari Trini, cantautora contestataria y romántica, decidió salir de su retiro en un pueblo catalán para volver a la canción. Pero lo hace de una forma insólita, con Los Panchos, en un disco curioso.

Mari Trinii
Mari Trinii
(24/12/01) A comienzos de los años '70 hubo una canción que se ha quedado grabada en la memoria colectiva de la generación que entonces era adolescente: «Amores», cuyo estribillo decía «el amor es una barca/con dos remos en la mar...». Los intelectuales de aquella época intentaban entender este sentimiento en las páginas de «El arte de amar», de Erich Fromm, mientras que el resto de los mortales lo buscaba ayudado por el estribillo de esta canción. Y había algunos que trataban de hacer la síntesis entre las teorías del psiquiatra norteamericano y los versos de aquella joven con la guitarra al hombro, nacida en Murcia en los años '40. Al final, ni unos ni otros han aclarado qué es exactamente el amor, pero hemos sobrevivido a este sentimiento en el que intervienen tanto el azar como la necesidad.

«Una pareja es una historia de dos, y lo que ocurra entre ellos nunca lo puedes predecir, porque no depende sólo de ti; tú puedes luchar por ese amor, pero si las circunstancias están en contra o la otra persona no ayuda, ya puedes tirar del remo porque no se avanza», afirma Mari Trini, que ha compuesto cientos de canciones llenas de amor, deseo, frustración o desencanto. Hubo una, incluso, que estuvo prohibida en el franquismo y se editó primero en Francia: «Yo no soy esa». «Me dijeron que era una canción demasiado ambigua. Fueron tiempos difíciles. Tenía mucha libertad por dentro y muy poca por fuera. Eso hizo que se produjera dentro de mí un choque brutal».

De ahí esa lucha por sobrevivir en un ambiente, primero machista y después, intransigente. Fue muy duro para aquella chica de aspecto frágil y acento espeso («tenía la misma voz que ahora, parecía un monstruito») que creció en una familia feliz, muy arropada por el cariño de los suyos: «¡Pensaba que todo era bonito! Luego vi la otra realidad. Un día descubrí que yo era diferente, lo supe bien y esa ha sido mi cruz». ¿Diferente? «Sí, absolutamente distinta; por lo menos yo me siento así, porque tengo la necesidad de adaptarme a los demás, porque la vida no me trató muy bien y porque yo tampoco me traté muy bien».

Profesionalmente arrasó en los años 70 con canciones como «Yo confieso», «Ayer», «Cuando me acaricias», «Mañana»... En la década de los '80 continuó con un público fiel y éxitos como «Mi tercer amor», «Ayúdala» o «Una estrella en mi jardín». Y fue en los años '90 cuando «Sin barreras» y «Alas de cristal», sus dos últimos discos, se perdieron en un silencio doloroso, acompañado de demasiada incomprensión. Sin abandonar el tema del amor y el matiz de canción de protesta con los que se inició, en estos últimos álbumes buscó temas de crítica social y de actualidad, pero los discos no funcionaron. Ella se lamenta: «La música es un campo en el que si no hay promoción no existes. Y yo había puesto ahí mucha tinta, muchos sentimientos, me había volcado y..., ¡me quedé vacía! Fue un golpe muy duro, y me dije: he ido demasiado deprisa, creo que debo de dar una paradita, hacer un descanso; llevo 25 años trabajando sin parar».

Replanteo

Más que un descanso fue un replanteamiento de su vida. Abandonó su casa madrileña de la Moraleja y fue a reencontrarse consigo misma a un pequeño pueblo de la costa catalana, donde no hay supermercados ni playas de estacionamiento. «Buscaba mis raíces. No sólo Serrat es Mediterráneo, yo también, y como buena murciana necesitaba el mar, alejarme de todo aquel follón que me estaba perjudicando. En 1996 había mal rollo en Madrid. Oí cosas que no me gustaban...». No quiere entrar en detalles. Los rumores siempre le han acompañado desde que, muy jovencita, volvió de París con un vestido negro, una guitarra al hombro y cantando aquello de «El alma no venderé».

Y nunca la ha vendido, aunque sí alquiló su cuerpo. Fue en 1984. Precisamente para acallar los rumores que existían sobre su físico, decidió posar desnuda para la revista «Interviú». «¡Fue un acto de rebeldía!», exclama. Y también de autoafirmación y de reivindicación de una belleza que se le negaba. «Como iba siempre de negro y con un vestido largo decían que tenía una pata de palo, y yo me cabreé mucho, y decían que si tenía parálisis, que si la cadera..., en fin.Así que me fui a Lanzarote, me puse en pelotas y ¡se armó la mundial! No sé por qué un cuerpecito como el mío pudo causar tanto revuelo.

¡Tampoco es para molestar tanto! Por ahí circula una página web en la que se me puede ver, no soy Pamela Anderson, pero... Tenía que hacerlo. Ni siquiera me maquillé. Me desnudé y me quedé en la gloria. Por fin me dejaron en paz».


Aquel fue uno de los rumores más crueles sobre ella. El que más le dolió. Pero ha habido otros, siempre otros, con los que Mari Trini ha aprendido a vivir. No los ha desmentido, ya que no se puede estar toda la vida nadando contra la corriente, pero en sus canciones ha tratado de mostrar su realidad, siempre desde el ángulo artístico.

«La gente me quiere y me dice: 'Yo me casé con Amores', 'yo conocí a mi marido con Ayer'... Lo que me asfixiaba era el ambiente musical, el espectáculo y todo lo que le rodeaba.Así que dije: 'Me voy de aquí'. Una retirada a tiempo es una victoria. ¿No? Es algo que también han hecho Bruce Springsteen y Leonard Cohen». Estos dos cantantes aparecen varias veces en la conversión, al igual que Elton John y Bob Dylan. Son sus referencias musicales inglesas. Las influencias francesas, aún más marcadas, las constituyen Jacques Brell, Brassens, Edith Piaf, Leo Ferré... Mari Trini los conoció en París. Estuvo viviendo allí unos años, estudió cursos de Filosofía y Letras en la Sorbona y, cuando llegó a Madrid, en sus primeras canciones se apreciaba un leve acento francés.

Muchos se preguntarán si, en estos años de silencio, se ha planteado abandonar la música. Ella no duda la respuesta:
«¡Nunca! Hay una canción en la que digo: 'Mañana me iré despacio...', pero ¡cuidado!, eso lo decido yo, y el mañana no ha llegado». Y, como para demostrárselo, una casa discográfica le fue a buscar a su retiro para proponerle grabar con Los Panchos un doble e insólito disco («Mari Trini con Los Panchos, Ventura Music») en el que la mitad de los temas son de ella y la otra mitad del repertorio clásico del famoso trío.

«Algo así no entraba dentro de mis esquemas, pero me ha gustado. Yo soy cantautora y ha supuesto un reto, porque hemos intentado hacer una fusión: Mari Trini ha cantado un poco como Los Panchos y Los Panchos, como Mari Trini. Todas mis canciones se han tocado en tiempo de bolero, porque una melodía bien estructurada se puede interpretar con cualquier ritmo: tango, chachachá, rock...».

Resulta curioso empezar a escuchar las guitarras de
Los Panchos, como si anunciaran uno de sus inmortales boleros y, de pronto, oír cómo emerge la voz de Mari Trini interpretando «Amores». Y la sorpresa continúa al escuchar a Rafael Basurto (el más antiguo de los intérpretes del trío) pisando la voz de la cantante, como si fuese una carrera de postas, todo muy fluido y espontáneo. Es una grata sorpresa.

Predestinación

Sin abandonar su refugio mediterráneo, Mari Trini vuelve al mundanal ruido dispuesta a jugársela. Se le nota centrada y llena de proyectos tras estos cuatro años de encierro, que no han sido tiempo de destrucción, sino de silencio creativo. «Yo sólo sé escribir y componer canc iones», dice. En este período ha tentado una novela, de la que no está muy segura, y también ha escrito un libro de poemas, aún sin título, que probablemente saldrá en marzo o abril. Sus influencias personales son Antonio Machado, Miguel Hernández y Gloria Fuertes, una poetisa que cree que está minusvalorada y de la que se siente muy próxima: «Son textos muy distintos a mis canciones. Poemas con arritmia, asimétricos, de verso libre que siguen el ritmo del corazón y tienen humor. Hablan de la vida, y también hay mucho amor y mucho sexo».

Es su destino: la literatura y la música.
«Toda la vida he querido escribir, incluso cuando no sabía. Y creo que la música me viene en los genes. Mi padre, que era abogado, tocaba la guitarra y mi madre, el violín, pero no se dedicaron a la música porque entonces estaba muy desprestigiado. Una chica, si decía que quería ser cantante era como si dijera que quería ser puta». Los tiempos de Mari Trini no eran los de su madre, pero aún así fueron difíciles para una mujer. Tras sus años en Londres y París, llegó a Madrid con muchos proyectos de canciones. La casa de discos le obligó a interpretar temas de otros autores como Luis Eduardo Aute y Patxi Andión. «Lo hice con mucho cariño. Cuando salieron esos primeros sencillos yo tenía ya compuesto el álbum entero de 'Amores'. Pero el director de la casa de discos decía que una mujer no era capaz de componer canciones, así que no prestó atención a mis temas. ¡Imagínate! Parece que estamos hablando de la Edad Media y fue hace 30 años. Lo cuentas ahora y nadie te cree».

Una vez que se vendieron 100.000 copias de aquellas canciones, la casa de discos confió en ella. Aún así, tuvo sus dificultades: «Iba de un sitio a otro con mis vaqueros y fumando Ducados, porque no me daba para más, y me decían: ¡Mira, ahí llega la machota! Luego, siguieron metiéndose conmigo. ¡Lo que he tenido que aguantar!».

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