13 de marzo 2007 - 00:00

Recuperó estilo el Ballet del Colón

Imagen de «Raymonda», bien bailado por Gabriela Alberti, aunque no es lo mejordel muy buen programa que preparó el nuevo director artístico, Raúl Candal,para recuperar la orientación académica de la compañía.
Imagen de «Raymonda», bien bailado por Gabriela Alberti, aunque no es lo mejor del muy buen programa que preparó el nuevo director artístico, Raúl Candal, para recuperar la orientación académica de la compañía.
Ballet Estable del Teatro Colón. Dir. Art.: R. Candal. Prog.: obras de Candal, Gsovsky, Petipa, Vaganova, Ibáñez y Totto según Fokine. (Teatro Pte. Alvear, Hasta el 18 de marzo.)

El Ballet del Colón se presenta, una vez más, en el escenario acotado del Presidente Alvear, por las razones conocidas de la restauración de la sala de la calle Libertad. El flamante director artístico de la compañía, Raúl Candal, preparó un programa adecuado a las dimensiones del escenario y con la intención de devolver la orientación académica al Ballet del Colón, que había desviado su rumbo. Una fuerte inclinación por la danza clásica más pura parece ser el objetivo, por lo menos, del primer menú coreográfico del conjunto.

La segunda parte del espectáculo es un segmento integrado por cuatro «pas de deux» enmarcados en el ballet académico con obras de Petipa, el mismo Candal, Gsovsky y Vaganova. Si bien las cuatro piezas constituyen un amplio muestrario del vocabulario de la danza de escuela, tienen sus particularidades y matices. La potencia y la acrobacia de algunos fragmentos de decidido virtuosismo, la sutil poesía de los adagios, el ensamble de rigor casi deportivo de algunos acoples y la prestancia y la actitud de las parejas producen un set brillante.

Las estrellas de la compañía y la presencia de algunas figuras jóvenes otorgan al fragmento de dúos una categoría excepcional. Silvina Perillo y Edgardo Trabalón («Grand Pas Classique»), Karina Olmedo y Leonardo Reale («Diana y Acteón»), Maricel De Mitri y Alejandro Parente («La Esmeralda») y Carla Vincelli y Vladislav Koltsov («Las llamas de París») son los artífices destacados de esos cuarenta minutos imperdibles. El espectáculo cierra con la reposición, muy bienvenida, de las «Danzas Polovtsianas» de la ópera «El Príncipe Igor» de Borodín. Ibáñez y Totto se basaron en los originales de Michel Fokine y recuperaron una pieza de fuerte sabor étnico, donde la danza de carácter se alía con el lirismo clásico en una muestra de bravura. Leandro Tolosa, Analía Sosa Guerrero y Miriam Coelho son los destacados intérpretes para un fragmento de magnífico nivel plástico (escenografía de Sergio Massa y el vestuario basado en los originales de Nicholas Roerich).

El programa de apertura se inició con una dubitativa versión del Grand Pas del acto III, de «Raymonda», quizás de preparación apresurada, que seguramente mejorará con el correr de los días. Bailó muy bien, de todas maneras, Gabriela Alberti en rol principal.

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