19 de julio 2005 - 00:00

Recuperó su belleza una joya gótica

La fachada de la Catedral de Orvieto, joya de la arquitectura gótica italiana, vuelve a lucir su esplendor original tras la remoción de guano de paloma acumulado durante siglos.
La fachada de la Catedral de Orvieto, joya de la arquitectura gótica italiana, vuelve a lucir su esplendor original tras la remoción de guano de paloma acumulado durante siglos.
Orvieto, Italia (ANSA) - La remoción de una tonelada y media de guano de paloma permitió que la Catedral de Orvieto, joya de la arquitectura gótica italiana, haya recobrado su antigua y esplendorosa blancura.

Tres años fueron necesarios para limpiar la espléndida fachada de 1.200 metros cuadrados de la iglesia del siglo XIV que narra con lenguaje claro y popular episodios de la Biblia a través de 24 estatuas monumentales, 56 bustos de mármol y 6 esculturas de bronce. Todo ello está enmarcado por centenares de metros cuadrados de mosaicos y adornado con un rosetón que tiene al centro una cabeza de Cristo de la que irradian finas columnitas enroscadas.

Los expertos en limpieza de la catedral no lucharon sólo contra el guano de paloma acumulado durante siglos, sino que además tuviedron que remover y desinfectar líquenes y algas de las superficies porosas. Las incrustaciones de carbonio presente en el guano redujeron la piedra a un estado parecido al del azúcar y hubo que consolidarla con empastes de cal y polvo de piedra, la misma receta inventada por los constructores de la iglesia en el Medioevo.

También estaban desgastados los metales, como un tornillo de hierro que sujetaba una monumental estatua de bronce de San Miguel a 20 metros de altura, que se había reducido de tamaño por la herrumbre y hubiera podido dejar caer su preciosa presa en medio de la gente.

Comenzada en 1285 por un arquitecto anónimo en puro estilo gótico francés, copiado de las catedrales de Amiens y de Nuestra Señora de París, y continuada a principios del siglo XIV por Lorenzo Maitani, que italianizó el lenguaje del gótico florido usando sobre todo los mosaicos que refleja el sol del sur europeo, la de Orvieto fue desde ese momento centro de las innovaciones técnicas y artísticas de los artesanos italianos. Columnas enroscadas adornadas con minúsculos mosaicos, placas de mármol rojo y verde en los contrafuertes y nichos poblados de estatuas adornaron la fachada y los lados del edificio cuya construcción sufrió un alto a mediados del siglo XIV por la crisis económica y luego por una epidemia de peste.

Los orvietanos siguieron de todos modos ocupándose de su catedral en los dos siglos sucesivos, adornando el interior con extraordinarios frescos de Luca Signorelli (Juicio Final), el Beato Angélico y Benozzo Gozzoli.

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