25 de febrero 2005 - 00:00

Redescubren gran artista flamenco

«Retrato de un joven» de Hans Memling, de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, que integra la gran muestra que luego se verá en Brujas y Nueva York.
«Retrato de un joven» de Hans Memling, de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, que integra la gran muestra que luego se verá en Brujas y Nueva York.
En colaboración con el Groeningemuseum de Brujas y la Frick Collection de Nueva York, el Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) está presentando «Los retratos de Memling», con aportes del Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo de Bellas Artes de Houston, la Galería degli Uffizzi de Florencia.

No existe coincidencia bibliográfica acerca del lugar y fecha del nacimiento de Hans Memling; algunos historiadores mencionan Mainz, otros Seligenstadt, cerca de Frankfurt, entre 1430 y 1440. La primera noticia que se tiene de él está fechada el 30 de junio de 1465, cuando compró una casa en Brujas, su posterior casamiento con una oriunda de esa ciudad y cuando adquirió la ciudadanía.

Memling
amó tanto Brujas que jamás salió de ella y asimiló de tal manera su espíritu que pasados ya más de 500 años, su obra es símbolo de la serenidad y del encanto de la antigua ciudad. Una de las razones de su fama como pintor religioso es su apelación universal al sentimiento del pueblo humilde. Tiene célebres trípticos como «El Juicio Final», «La Anunciación», «»El relicario de Santa Ursula», seis paneles narrativos del drama de la santa a ambos lados del templete, y «La Madonna con la Manzana Roja», ambos en el Hospital de San Juan (Brujas). Pero Memling está considerado como un gran retratista y se calcula que pintó alrededor de 30, generalmente de las clases burguesas dedicadas al comercio y a la banca.

Aunque perteneciente a un período denominado último florecimiento de la Edad Media, este artista ya experimentaba la influencia del humanismo naciente, por eso su pintura refleja el alma y la vida interior de sus retratados lo que confirma que la nota distintiva del arte es ser un testimonio de su tiempo y de su lugar. Las cabezas de los hombres generalmente se presentan de tres cuartos de perfil, con abundantes rizos, claramente iluminadas en contraste con el busto.

Es célebre el «Retrato de un hombre que tiene una moneda» (Museo de Amberes), un caballero italiano, como fondo un paisaje y un jinete que se detiene a contemplar los cisnes del lago, escena bastante recurrente en el artista. Memling fue el primer pintor que dio un fondo fantasista a sus retratos al aire libre, y esos fondos de bosques y castillos en la lejanía le confieren el sentido de abundancia, bienestar y serenidad.

Otras obras famosas son el «Retrato de María Portinari», «Retrato de una joven», el «Díptico de Maarten van Nieuwenhove», «Retrato de un Joven», «Retrato de una anciana» cuya mirada parece volcarse hacia una visión interior y su rostro expresa la melancolía de los años finales de una vida.

Otra de sus innovaciones dentro del género del retrato fueron los marcos de las tablas para aumentar los efectos espaciales de sus modelos, que procedían tanto de su entorno como de Italia, Inglaterra y España. Esta pintura, que muchos críticos actuales consideran anacrónica y sólo producto de la maestría de sus autores, revela la pujanza de Flandes medieval originada en los campesinos y los laboriosos artesanos que trabajaban en pequeños talleres de Gante o Brujas bajo las estrictas reglas de las corporaciones a las que los artistas también debían someterse.

La prosperidad contribuyó a facilitar el gran florecimiento artístico y los hombres de negocios admiraban a los maestros flamencos a quienes les encargaban pinturas, no como inversión sino por el placer que les daba verlas en las paredes de las iglesias y así glorificar a Dios.

Dejá tu comentario

Te puede interesar