Regreso de Megadeth fue festín para "metaleros"

Espectáculos

Actuación de Megadeth. Con Dave Mustaine (voz, guitarra), Chris Broderick (guitarra), Shawn Drover (batería) y James Lomenzo (bajo). (Luna Park, 28 y 29 de mayo.)

Sólo en lo que va de 2008, pasaron por Buenos Aires, siempre frente a públicos numerosos, Deep Purple, Whitesnake, Queensr che, Ozzy Osbourne, Korn, Paul Di Anno y, ahora, Megadeth. Aunque no es una novedad, habrá que concluir entonces que nuestra ciudad es absolutamente «metal friendly» o, al menos, que es una de las capitales donde la variante más clásica y más dura del rock sigue encontrando gran cantidad de seguidoes.

Y como sucede con cada visita, lo que ocurrió en el Luna Park en estos nuevos shows de la banda -que es, en rigor, la marca que encabeza Mustaine- fue una fiesta que sólo pueden entender y disfrutar los que participan de la cofradía metalera.

En algún momento, el cantante y guitarrista fue parte de otro grupo emblemático, Metallica. Su salida, muy conflictiva, lo llevó a armar, hace ya unos cuantos años, su nueva propuesta. Y desde entonces, Megadeth se ha transformado en otro hito en el mundo del hard rock, más allá de los cambios de formaciones y de que, como dijimos, el nombre de la banda sea casi un sinónimo del propio Mustaine.

Hacía algo más de dos años que no venían a la Argentina. Y el entusiasmo se hizo notar en dos noches que lograron elevar muchísimo la temperatura del Luna Park más allá del frío que se sentía en la calle. Una pared potente, ajustada y demoledora de música bajó desde el escenario durante unas dos horas. Allí hubo lugar para muchísimos hits que los fans siguieron con la misma energía que entregaban los músicos. Temas como «Holy Wars», «Take no Prisoners», «Hangar 18», «A tout le monde» (con un brillante solo de Chris Broderick), «Symphony of Destruction», «Gears of War», «Trust», «She Wolf» o «Peace Sells» enloquecieron a una multitud que coreó, saltó, gritó y ofreció toda su admiración al cantante, las dos noches. Y no importaron los cambios de formación porque, siempre con Dave en el más absoluto primer plano, el cuarteto respondió a los mandatos del líder y tuvo, como él, un altísimo poder de fuego musical.

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