Soledad Barrio ofrece una danza femenina abismal y de una
potencia casi salvaje.
«Esta noche no es mi día». Cia. Noche Flamenca. Dir. Art.: M. Santángelo. Int.: S. Barrio, A. Granados, J. Ogalla y elenco. (Teatro Avenida, hasta el 13 de agosto.)
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En su cuarta visita al país, la compañía «Noche Flamenca» reitera algunas pautas que ya son su marca de estilo y su manera de entender el arte flamenco. En un escenario despojado, siete sillas negras apenas se distinguen en un entorno sombrío. De a uno, bailarines, cantaores y guitarristas entran a ocupar sus puestos en la geométrica organización que traza la puesta en escena, y a partir de allí actúan. Sólo cuentan con el auxilio de un magnífico diseño lumínico tramado por Mark London, que si bien prefiere sombras y oscuridades, va dejando ver de a poco a los personajes que pueblan el escenario, con cálidos naranjas y rojos contrastados frecuentemente con la frialdad de los azules.
Con ese entorno plástico, la «Noche flamenca» esta vez es una noche triste. El cantaor Antonio Vizarraga, que estuvo en la compañía por diez años, falleció hace unos meses y el show lo recuerda dedicándole toda la performance, y el set especial final «Esta noche no es mi día», con coreografía de Martín Santángelo.
Desde el comienzo del espectáculo se evitan los estereotipos del show flamenco «for export». El grupo de artistas (tres bailarines, dos cantaores y dos guitarristas) apunta a la autenticidad sin artificios. Todos son muy eficientes en sus disciplinas. Los guitarristas Eugenio Iglesias y Luis Miguel Manzano, y los cantaores Manuel Gago y José Anillo sostienen con su sonoridad sin desmayos el recorrido por algunos de los típicos «palos»: tangos, tientos, alegrías, soleares y siguiriyas.
La intención de formular un paisaje característico sin aditamentosextemporáneos se resientecon la a veces estridente amplificación para voces e instrumentistas.
Los cantantes y guitarristas son excelentes, pero el trío de bailarines es excepcional.
Soledad Barrio ofrece una danza femenina abismal y de una potencia casi salvaje. Cada uno a su modo, Alejandro Granados y Juan Ogalla sí que son transgresores en el arte de zapateado, por su flexibilidad y plasticidad, pese a que físicamente no responden al bailarín flamenco convencional, delgado y casi asexuado. Aquí, son hombres de pueblo rústicos y vibrantes que bailan amarguras y alegrías con potencia.
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