20 de septiembre 2002 - 00:00

Reúne a prestigiosos artistas atractiva muestra en Recoleta

Rosa María Ravera, curadora de «El Cuerpo del Arte/ El Arte del Cuerpo», propone un dilema desde el inquietante juego de palabras que da título a la exposición del Centro Cultural Recoleta. Comenzamos por lo aparentemente más fácil de interpretar, o sea lo segundo.

El cuerpo que puede ser la imagen de hombre, de mujer, de animal, de insecto, es decir, todo lo viviente y que está presente en casi toda la historia del arte. El cuerpo opulento y sensual, el del erotismo prefabricado, el de belleza enigmática, la mujer madre omnipresente, el cuerpo que se mira a sí mismo, la sombra que nos acompaña, el cuerpo velado, el perro famélico y enfurecido -metáfora del desposeído-, el desnudo masculino sin eufemismos, la desgarradora muerte autoinfligida en el instante en que sucede, el gesto de la cotidiana violencia ciudadana, la imagen religiosa despojada del oropel renacentista que vuelve al voto de humildad y la sangre, roja, fluido vivo.

En esta muestra no se han buscado en general obras recientes de los artistas seleccionados, pinturas, esculturas, gráfica, fotografía, instalaciones, conviven demostrando que el cuerpo del arte es hoy, más que nunca, pluralista. Pero el cuerpo del arte es algo más: es la captación de la representación, es lo que uno pone de sí al entrar en contacto con una imagen, con lo que ésta nos devuelve, el impulso vital del artista, el arte como estimulante de la vida, como ejercicio de interpretación.

Son dieciséis artistas de importante trayectoria y diferentes disciplinas (entre ellos, Nora Correas, Matilde Marín, Luis Felipe Noé, Eduardo Medici y Clorindo Testa); una muestra que exige algo más que la mirada. Clausura el 22 de septiembre.

Al entrar en la sala del Centro Cultural Recoleta donde se exhibe la obra de Mariano Cornejo aconsejamos sentarse, sin prejuicio alguno, en algunas de las sillas-objeto de arte. Provocan tocarlas, acariciarlas, recorrer el constructivismo torresgarciano de los ensambles. Hechas para contener al cuerpo, éste se acomoda en la suavidad lustrosa y perfumada de la madera. Desde ellas podremos mirar la obra que abarca un período de diez años, distintas series que el autor ha seleccionado, inclasificables porque no responden a la convención del cuadro ni tampoco a las leyes de la escultura.

Desde sus primeras exposiciones en Buenos Aires alrededor de 1993, seguimos con una admiración que no decae la obra de este salteño nacido en 1962, graduado de la escuela Nacional de Arte Prilidiano Pueyrredón y que partió a España en 1985 gracias a una beca otorgada por ese país. En exposiciones colectivas e individuales ha dado muestras de su creatividad y también laboriosidad, recordamos especialmente aquellas realizadas en Julia Lublin Galería de Arte en 1994 y 1995, «Sublime Enseña» y «Herbarium» en Van Riel, «Zoolarium» en el ex espacio del Dock del Plata.

Cornejo
es un poeta-obrero que manipula tablas, clavos, latón, alambres, otorgándole al todo la sacralidad que emerge de su concepción del arte. Desde el instante que, según confiesa el artista, tomó un punzón para hacer un grafiado, no lo abandonó jamás. Cornejo raspa, hace surcos paralelos en la madera o en material aglomerado que ha sido pintado varias veces con una espesa pintura vinílica.

Hay que detenerse también en los papeles en los que dominan la sutileza de la acuarela y las perforaciones con sus infinitos juegos ondulantes en los que como en muchas de sus obras pueden verse paisajes, playas, volcanes, lagos y hasta el mar. El clima general de esta muestra invita a la calma, a la contemplación; se produce una simbiosis entre el hombre y la naturaleza, no hay efectismo alguno, sí un tributo al trabajo y a la espontaneidad de un encuentro fortuito con el material. Las esculturas de animales, originalmente juguetes para sus hijos, desbordan imaginación. Clausura el 29 de Septiembre.

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