9 de noviembre 2001 - 00:00

Riguroso documental sobre Bayer

Riguroso documental sobre Bayer
«Los cuentos del timonel» (Argentina, 2001, habl. en español). Guión y dir.: E. Montes Bradley; documental.

Después de «Soriano» y «Harto the Borges», documentales donde los personajes alternaban con testimoniantes o analistas de diversa especie, Eduardo Montes Bradley se arriesga a hacer un documental de una sola voz. Acá el único que habla es Osvaldo Bayer, contando su vida desde la infancia (cuando en la colectividad alemana se festejaba el cumpleaños del führer), hasta 1975. Contra lo que podía temerse, el resultado es casi mejor que el de los documentales anteriores, agradable, bien entretenido, y con una historia que se corta justo, dejando al auditorio con ganas de seguir escuchando.

Obra indicada para conocer realmente a un hombre que uno daba por conocido, y para reconocer a un país, «Los cuentos del timonel» transita por los pueblos litorales, los patagónicos, y los alemanes, la Buenos Aires cabeza de Goliath y la apacible villa de Linz Am Rhein, las fotos de familia y las caminatas por paisajes nevados, los lieder, las marchas, el «Barrilito de cerveza», y las canciones de anarquistas italianos de hace un siglo, y también, por qué no, las abundantes fotos, los noticieros peronistas y antiperonistas, los dibujitos de la rana Flip (acompañando una anécdota de cuando el hombre estuvo en la Marina Mercante), y un número con las mellizas Kessler (acotando una referencia al prestigio del gallo entre las gallinas, según el historiador metido a cocinero). Montes Bradley siempre tiene algo para sorprender, y Bayer tiene rostro sorprendido, mientras tira palos a izquierda y derecha (no se salva ni el Che Guevara), y recuerda a un alemán quinielero, la «colimba», el matrimonio sin nada de dinero, una mano que le dio Julio Cortázar de pura casualidad, una experiencia sindical en el diario «Clarín», las torpezas de la Revolución Cubana, o el levantamiento del Muro (él estuvo presente ese día, y también el de su caída).

La cámara registra bien de cerca ese asombro, cuando comenta con pena la obcecación del terrorista Severino di Giovanni, allá en los '30, y lo registra también cuando lee, con ternura, las cartas de amor de ese mismo terrorista a su novia. Detalle irónico: muchas de esas cartas, las tuvo durante años la policía, y la mujer pudo leerlas hace apenas dos años, ya anciana. Se las dio el entonces ministro Corach, y Bayer estaba entre ambos.

Cuentos

Difícil vencer la tentación de transcribir uno de los «cuentos» que aparecen en el film, uno que, se non é vero, é ben trovato. Como los censores no sabían cómo encarar «La Patagonia rebelde», se la mostraron al entonces presidente Perón, quien, tras verla, señaló que «El culpable fue Anaya, tío del que tenemos de comandante en jefe», y se fue a dormir, dejando la calificación en el limbo. Semanas después, « Perón se levanta, lee 'La Nación', como buen mitrista, y se enfurece ante una declaración de dicho comandante, aseverando que el Ejército responde a sus mandos naturales. 'Si no es a sus mandos naturales, ¿a quién va a responder? ¿Cómo era esa película que hablaba del tío de Anaya?' Y fue así que, 48 horas después, se estrenó la película». En verdad fueron 72, pero igual da gusto escucharlo. Así se escribe la historia.

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