19 de marzo 2007 - 00:00

Roger Waters deslumbró a River con show hipnótico

El momento culminante: Roger Waters acompañado por el coro de niños deRiver para el clásico «Another Brick In The Wall».
El momento culminante: Roger Waters acompañado por el coro de niños de River para el clásico «Another Brick In The Wall».
Los 50.000 asistentes que colmaron River el sábado para ver a Roger Waters admiraron, casi hipnóticamente, el arte del líder de Pink Floyd en un recital que duró casi tres horas. Lejos del público histérico que aturde ante cada suspiro de galán metrosexual latino, familias enteras y jóvenes que heredaron la melancolía de los 70 se congregaron para no perderse a uno de los exponentes que revolucionó la música mundial.

A las 22.10, comenzó el show donde el ex bajista y responsable de la mayoría de las letras de Floyd prometía tocar de principio a fin el último disco grabado por la banda integrada además por David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright, «The Dark Side Of The Moon», hace ya 27 años, pero tras una primera parte con abundancia de temas de «The Final Cut», un intervalo de quince minutos (algo extraño en un recital) y una segunda parte que llegó con «The Dark Side...», Waters terminó enmudeciendo con lo inimaginable: presentó al coro de niños del club River Plate como las indispensables voces jóvenes que musicalizaban la voraz picadora de alumnos del film «The Wall». Hasta varió el escenario para el pequeño pero contundente bulto que tuvo «Another Brick In The Wall», «Vera», «Bring The Boys Back Home» y «Comfortably Numb». Claro que allí el público no podía, seguía mudo.

Durante el recital, un Waters sonriente y accesible se limitó a decir «Buenas noches», «Gracias» y a contar que el tema «Leaving Beirut» se lo había inspirado una familia musulmana que lo cobijó durante un viaje a Medio Oriente cuando tenía sólo 17 años. Ni dio lugar siquiera a la habital prédica antibélica, excepto cuando mencionó en uno de los temas a Margaret Thatcher, entre otros personajes vinculados a la Guerra de Malvinas.

El impactante despliegue de luces, fuegos a ambos lados del escenario que amenazaban con hacer erupción en momentos estratégicos, y tres pantallas de alta definición, completó desde lo visual un show que contó con sonido envolvente en 360 grados, clave para sumergirse en la galaxia «Floyd». El sistema de audio envolvente generaba desde el fondo del estadio al escenario sonidos de soldados, aviones, campanas de relojes y hasta pájaros o ladridos de perro, en complemento con las imágenes extrañas «de iconografía watersiana», según dicen sus fans, pero que son un «remix» de la psicodelía de los 70.

El show abrió con «In The Flesh» y «Mother» pero brillaron «Wish You Were Here» y «Shine On You Crazy Diamond» con varios temas de «The Final Cut». Luego del intervalo, se comprendió por qué se habían decidido tomar quince minutos de descanso. Era para no dar tregua con una hora más de recital en el que pasó «Dark Side Of The Moon» y que en Europa había tenido el reemplazo de la pantalla por la clásica circular usada por Pink Floyd desde 1974, Mr. Screen. Pasaron todas y cada una de las legendarias canciones de ese álbum, «Speak to Me», «Breathe», «On the run», «Time», etc. con los destaques de las coristas en sus solos, las dos guitarras y el saxo.

En esta «psicodelia reloaded» estuvo además la aparición de un cerdo rosa inflable durante el tema «Sheep» («chancho, no elefante» aclaraban varios), flotando en lo alto y transportado de un lado al otro del campo. La veneración al animal flotante se multiplicaba cuando los presentes iban deduciendo las leyendas políticas escritas en negro («Encierren a Bush antes que nos mate a todos», «Dónde está Julio Lopez», «Libres al fin»). Además de burbujas, lo mejor a nivel estético llegó con la pirámide en las alturas que proyectaba lasers y cerraba con el arco iris de la tapa del disco «The Dark Side...». Con cierre a las 0.50 de la madrugada, el recital fue preciso, brillante y sobre todo bien clásico, aunque Waters se jacte de necesitar «Electroshocks o chalecos de fuerza si tengo que bajar mi creatividad a la del resto de los miembros de Pink Floyd».

En compañía de una brillante banda, no es mucho lo que se extraña a Gilmour. Sin embargo, las dos segundas guitarras, excelentes por cierto, no logran lo que hacía la del histórico guitarrista y mucho menos la química ( aunque sea un mito) junto a Waters. Antes de viajar a Río de Janeiro y San Pablo, Waters pasará por Bariloche unos días para «pescar» y reconectarse con esa naturaleza que tanto toma en su música.

Dejá tu comentario

Te puede interesar