2 de junio 2005 - 00:00

"Sahara"

Mathew McDonaughey, Steve Zahn y Penélope Cruz en«Sahara», curiosa aventura en Africa, que sin ser parachicos tiene un argumento tan pueril que antes que enojarhace reír involuntariamente.
Mathew McDonaughey, Steve Zahn y Penélope Cruz en «Sahara», curiosa aventura en Africa, que sin ser para chicos tiene un argumento tan pueril que antes que enojar hace reír involuntariamente.
«Sahara» (Idem, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: B. Eisner. Guión: T.D. Donnelly,
J. Oppenheimer, J.C. Richards y J.V. Hart. Int.: M. McDonaughey, P. Cruz, S. Zahn, L. Wilson, D. Lindo, W.H. Macy.


Cuatro guionistas firman este film de acción, aventuras, romance y que todavía está buscando su público. Para chicos no es, aunque el argumento y los personajes, empezando por su protagonista masculino (Mathew Mc-Donaughey, también productor y después de esta película, novio oficial de la protagonista femenina Penélope Cruz) son de una puerilidad pasmosa.

El director empieza a gastar el generoso presupuesto abriendo la película con unas pretenciosas imágenes de la guerra de secesión, donde los tripulantes de un acorazado ponen cara de horror y la imagen se congela. De inmediato, se pasa al presente en Africa, donde McDonaughey y un viejo compinche pertenecen a una organización que busca tesoros perdidos en mares y océanos, pero en realidad ellos esperan encontrar aquel acorazado norteamericano... en el desierto del Sahara (hay notables explicaciones sobre el porqué de esa ocurrencia). Penélope Cruz es una médica de la Organización Mundial de la Salud que investiga prácticamente sola una extraña peste que está diezmando a la población local. El flechazo es inevitable.

Ambas investigaciones coinciden milagrosamente, y si el hecho de que aldeanos del Africa profunda hablen y entiendan perfectamente inglés ya es toda una licencia, espérese a ver cómo los dos exploradores norteamericanos (dos es militares) puede hacer y la doctora latina se las arreglan para definir una guerra civil a favor de los buenos, aniquilan a los ejércitos de un sanguinario dictador nativo y desbaratan sus negocios genocidas con un empresario francés.

Con sus explosiones, sus carreritas en camello y sus batallas campales, «Sahara» tampoco entretiene demasiado que digamos; como mucho puede hacer reír el humor involuntario de su increíble condescendencia y ese racismo tan ramplón que no se puede tomar en serio.

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