17 de octubre 2006 - 00:00
Salta vio teatro de nivel desparejo
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Millones ya la vieron: la película de Prime Video que se convirtió en un éxito a pocos días de su estreno
«La Royalle» del
showman y
luthier Salvador
Trapani fue uno
de los
espectáculos más
aplaudidos (junto
a «Mantua» del
grupo porteño
TSO y «Otra vez
Marcelo» del
boliviano César
Brie), del Festival
Internacional de
Salta que cerró
ayer con Los
Macocos.
También fueron aplaudidos los títeres del grupo salteño «La faranda», que ofreció la enésima adaptación del Martín Fierro, con un didactismo exacerbado que los llevó a poner una «carita» de Sarmiento para dejar clara su postura frente al polémico prócer. Si bien aclaraban que era una obra de títeres para adultos, el tono muchas veces resultó pueril. Lo mejor llegó luego de la obra, donde los dos titiriteros mostraban su indiscutible habilidad para manipular a los más de veinte simpáticos personajes, mientras son ellos quienes en vivo los dotan de voz y vida.
Más pedagogía hubo la noche anterior con el boliviano César Brie, y su recreación -algo extensa por cierto- de la vida del artista y político boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz en «Otra vez Marcelo». Resultó uno de los espectáculos más ovacionados por el público. A
La del sábado fue la noche más circense, con un público predominantemente familiar, en la misma carpa que el domingo a la madrugada vibró al ritmo de la electrónica para la «rave» de cierre. Brilló allí el luthier y showman rosarino Salvador Trapani con su espectáculo «La Royalle», que bien podría presentarse en cualquier teatro de Buenos Aires pues se inscribe en los hoy tan vigentes «varieté» y «stand up». Trapani tiene un buen manejo del público, al que cautiva extrayendo sonidos de los instrumentos más raros que se puedan imaginar, y que él mismo crea. Por ejemplo, con el «charangüí», un charango confeccionado con una lata de yerba y la «grifería» (campanas de grifos), tocó «Memories» de «Cats», con el «serrucho musical» ofreció «Adiós Nonino», la «maltería» (barriles de cerveza) deparó un momento tribal, y al cierre un desopilante vals, con conchas marinas y sorbetes.



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