27 de julio 2006 - 00:00

Schiller inspira bello espectáculo

El iluminadorGonzaloCórdovadebuta comodirector con«El límite deSchiller», unespectáculolúdico y degran bellezaplástica queno intentadesentrañarlas ríspidasteorías delpoeta alemán.
El iluminador Gonzalo Córdova debuta como director con «El límite de Schiller», un espectáculo lúdico y de gran belleza plástica que no intenta desentrañar las ríspidas teorías del poeta alemán.
«El límite de Schiller» Dramaturgia y Dir.: G. Córdova. Int.: J. Lorenzo,A. Flores, C. Giménez y Lucas Werenkraut. Vest.: M. Gómez. Asesoram. Coreog.: Gustavo Lesgart (Teatro Elkafka) Domingo 20 hs.

Un ensayo de Friedrich Schiller (1759-1805) fue el punto de partida de este singular espectáculo que el año pasado formó parte del Ciclo 05 (basado en efemérides culturales) y que ahora se encuentra ofreciendo sus últimas funciones. El diseñador de luces Gonzalo Córdova no se amedrentó ante la propuesta de llevar a escena un texto que por su rispidez teórica se resiste a ser representado, sino que aprovechó esta limitación para jugar con sus actores y capitalizar al máximo el lenguaje plástico y musical de su puesta.

«Sobre lo sublime» -según se informa en el programa de mano- «plantea el problema de la libertad frente a la naturaleza e indaga acerca de cómo el hombre lidia con ella tanto moral como estéticamente.» No es fácil seguir las elucubraciones de este gran poeta y dramaturgo alemán, pero si uno se deja llevar por la conducta de los actores empieza a descubrir algunas asociaciones. Por ejemplo, la oposición que plantea Schiller entre «instintos sensibles» y razón, o entre naturaleza y cultura encuentra su correlato en el desenfrenado comportamiento de cuatro personajes, ocupados en preparar un servicio de mesa mientras recitan «Sobre lo sublime». Primero

tienden el mantel, luego disponen la vajilla con estudiada solemnidad, y así hasta dejar todo listo. Pero de repente irrumpe el delirio y el anunciado banquete termina convirtiéndose en una imposibilidad. La situación es similar a la que imaginó Luis Buñuel en «El discreto encanto de la burguesía». Como se recordará, la película narraba los reiterados intentos de un grupo de amigos por compartir una cena, la que nunca llegaba a concretarse por diferentes motivos, tanto reales como imaginarios. Algo parecido ocurre en este espectáculo, donde los atildados camareros cantan, bailan, beben vino o se pasean sobre la mesa provocando todo tipo de destrozos. Una vez subvertido el orden del lugar éste cede su espacio a una extravagante performance.

Como artista de la luz, Córdovaideó un espacio de gran atractivo plástico, enmarcado por coloridos tubos fluorescentes. Este recurso genera una atmósfera festiva y a la vez ligeramente irreal que recuerda a las instalaciones lumínicas del escultor Dan Flavin (Nueva York 1933-1996).

La presencia del tenor Lucas Werenkraut cantando en alemán lieder de Schubert, sobre poemas de Schiller, introduce un pequeño homenaje a la cultura germana. Del mismo modo que la banda sonora con temas pop -grabados en ese mismo idioma y con algunas expresiones en español, como «fiesta mexicana»- parece burlarse de ciertos estereotipos de diversión.

Se trata pues de una puesta muy lúdica, para disfrutar con los sentidos y no con la razón, sean cual fueren las enseñanzas que dejó Schiller.

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