30 de julio 2004 - 00:00
Scorsese filmó su Ciudadano Hughes
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Leonardo DiCaprio como Howard Hughes y Gwen Stefani como Jean Harlow, llegando a la première de «Angeles del infierno» en el Teatro Chino de Hollywood en «El aviador», de Martin Scorsese.
Hughes fue asimismo una especie de Ciudadano Kane que se enriqueció con la venta de material de guerra y cuyas dos pasiones, además del dinero, fueron las mujeres y el cine. Para satisfacerlas se convirtió en influyente productor cinematográfico.
Para los mencionados biógrafos del enigmático multimillonario, cuando Grant falleció, en 1986, «diversos autores comenzaron a hablar de una lujuriosa relación homosexual entre ambos». Sin embargo, cuando Hughes, en la etapa final de su vida, fue investigado por el FBI, un ex agente dictaminó: «Hughes tenía tantos enemigos, incluido el FBI, que hasta el más leve desliz homosexual habría sido puesto al descubierto».
Falso aristócrata y hombre de mundo, Cary Grant viajaba en avión en compañía de Hughes «con maletas con iniciales grabadas, mientras Hughes llegaba con una caja de cartón que contenían un par de camisas. Si en algún momento a Hughes le hacía falta un smoking, tomaba prestado uno de Cary Grant».
• Productor
Hughes produjo éxitos como «Angeles del infierno», película también dirigida por él, o «El cuarto poder», primera versión de la mítica comedia «Primera plana» sobre el periodismo, original de Ben Hecht y Charles McArthur. Así como la no menos legendaria «Scarface», de Howard Hawks.
Este gran cineasta desertó en 1940 del rodaje de «El proscripto» («The outlaw»), ante las constantes intromisiones del productor. Jane Russell, la exuberante protagonista, se convirtió en otra de las amantes de Hughes. Este erótico western tardó tres años en poder estrenarse en Estados Unidos, debido a la censura.
Hughes compró en 1948 la famosa productora RKO, desde donde protegió la carrera de Katharine Hepburn, una estrella admirada en Broadway pero a la que los productores de Hollywood consideraban -según el argot profesional-«veneno para la taquilla». En sus memorias, Hepburn escribió: «Howard y yo formábamos una extraña pareja», aunque admitía sentirse locamente enamorada de él. Y luego se mostraba muy irónica al describir el final de su relación. Tras el terrible huracán de 1938, que devastó la casa familiar de Hepburn, «Howard envió a un piloto de avión con agua envasada... y supe que él y yo habíamos dejado de ser amantes, pasando a ser amigos. El amor se había convertido en agua. Agua pura, pero agua».
El cine ya se había ocupado en diversas ocasiones de la figura del multimillonario a quien Hollywood consideró un intruso. Por azares no del destino sino del gran guionista y director Joseph L. Mankiewicz, Ava Gardner, amante de Hughes, ascendía al estrellato en «La condesa descalza» gracias a un joven, impertinente y ambicioso productor, al que soportaba un veterano director interpretado por Humphrey Bogart.
En «Melvin y Howard» (1980), Jonathan Demme mostraba a un anciano vagabundo (Jason Robards, aspirante al Oscar por su trabajo) que decía ser Howard Hughes. Su figura también apareció bajo los rasgos de Dean Stockwell en «Tucker, el hombre y su sueño» (1989), de Coppola. Por su parte, Tommy Lee Jones encarnó en 1977 su figura en la miniserie televisiva «El asombroso Mr. Hughes».
Los últimos 22 años en la vida de Hughes fueron un misterio. Acuciado por escándalos económicos, residió durante algún tiempo en Nicaragua, bajo la protección del dictador Somoza. Para entonces ya era un ser solitario, hipocondriaco y huraño, poseedor de un imperio cuyos hilos movía en la sombra.




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