30 de julio 2004 - 00:00

Scorsese filmó su Ciudadano Hughes

Leonardo DiCaprio como Howard Hughes y Gwen Stefani como Jean Harlow, llegando a la première de «Angeles del infierno» en el Teatro Chino de Hollywood en «El aviador», de Martin Scorsese.
Leonardo DiCaprio como Howard Hughes y Gwen Stefani como Jean Harlow, llegando a la première de «Angeles del infierno» en el Teatro Chino de Hollywood en «El aviador», de Martin Scorsese.
Era una pieza codiciada por Hollywood, que no en vano había formado parte de él. Directores como Christopher Nolan, con Jim Carrey, y Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio, querían filmar un biopic -ilustre subgénero del cine americano-sobre Howard Hughes (1905-1976), el excéntrico y misterioso multimillonario, propietario de líneas aéreas, piloto y diseñador de modelos aeronáuticos.

Hughes
fue asimismo una especie de Ciudadano Kane que se enriqueció con la venta de material de guerra y cuyas dos pasiones, además del dinero, fueron las mujeres y el cine. Para satisfacerlas se convirtió en influyente productor cinematográfico.

Si Nolan, director de aquella excentricidad fílmica que fue «Memento», debió abandonar el proyecto para preparar la nueva entrega de «Batman» con Christian Bale, Scorsese ha podido culminar, en «The aviator» («El aviador»), su personal biografía fílmica de Hughes, entre cuyas amantes figuraron estrellas como Jean Harlow (interpretada en el film por Gwen Stefani), Katharine Hepburn (Cate Blanchett), Ava Gardner (Kate Beckinsale), Jane Russell, Terry Moore, Ginger Rogers,Yvonne de Carlo, Rita Hayworth, Lana Turner y Jean Peters.

Tras «Pandillas de Nueva York», la gran perdedora de la edición de los Oscar correspondiente de 2002, que no ganó ninguna de los diez a que aspiraba la película, cabe suponer que Scorsese, cinéfilo confeso, habrá planteado «El aviador» como una especie de «Ciudadano Kane», la influyente obra maestra de su admirado Orson Welles. Según ha trascendido, su película se centra principalmente en los primeros años del magnate, desde la muerte de su padre, en 1924, y la subsiguiente herencia del negocio familiar de perforadoras industriales, cuando Hughes contaba sólo 19 años.

La conciliación de su amor por el cine y las mujeres no tardó en llegar. Los primeros escarceos cinematográficos de Hughes se remontan a 1927, cuando produjo «Two Arabian Nights», exótica muestra de cine bélico y romance amoroso en cuyo reparto figuraban Mary Astor, William Boyd y un principiante Boris Karloff. Enriquecido con la aeronáutica, Hughes no tardó en mostrar un evidente buen gusto en cuanto a películas y estrellas femeninas. El dinero y su faceta como productor le permitieron establecer un verdadero récord hollywoodense en cuanto a conquistas femeninas.

Claro que, para fascinación de sus biógrafos, uno de sus mejores amigos siempre fue Cary Grant, sobre cuya bisexualidad tantas páginas se han vertido. Cabe suponer que Hughes halló en Grant, surgido del proletariado británico de Bristol pero con el tiempo prototipo del galán seductor y elegante que fascinaba tanto a hombres como a mujeres, al modelo que él deseaba imitar.

Lo cierto es que Hughes y Grant realizaron muchos viajes juntos y alternaron con la alta sociedad de la época. En este sentido, Peter Harry Brown y Pat H. Broeske, autores de la biografía «La historia secreta de Howard Hughes» (Ediciones B, 1997) indican que «su amistad les benefició a ambos, porque Grant aspiraba a la riqueza y a frecuentar la compañía de las personas que la tuvieran. Hughes, por su parte, aspiraba a gozar de las mujeres más hermosas, que todas deambulaban en torno a Grant». Curiosamente, si los rumores sobre la homosexualidad del actor se remontaban a la época en que compartió casa con Randolph Scott, compañero suyo de reparto en varias películas, había sido Hughes, amigo de Scott, quien se lo presentó a Grant.

Para los mencionados biógrafos del enigmático multimillonario, cuando
Grant falleció, en 1986, «diversos autores comenzaron a hablar de una lujuriosa relación homosexual entre ambos». Sin embargo, cuando Hughes, en la etapa final de su vida, fue investigado por el FBI, un ex agente dictaminó: «Hughes tenía tantos enemigos, incluido el FBI, que hasta el más leve desliz homosexual habría sido puesto al descubierto».

Falso aristócrata y hombre de mundo, Cary Grant viajaba en avión en compañía de Hughes «con maletas con iniciales grabadas, mientras Hughes llegaba con una caja de cartón que contenían un par de camisas. Si en algún momento a Hughes le hacía falta un smoking, tomaba prestado uno de Cary Grant».

• Productor

Hughes produjo éxitos como «Angeles del infierno», película también dirigida por él, o «El cuarto poder», primera versión de la mítica comedia «Primera plana» sobre el periodismo, original de Ben Hecht y Charles McArthur. Así como la no menos legendaria «Scarface», de Howard Hawks.

Este gran cineasta desertó en 1940 del rodaje de «El
proscripto» («The outlaw»), ante las constantes intromisiones del productor. Jane Russell, la exuberante protagonista, se convirtió en otra de las amantes de Hughes. Este erótico western tardó tres años en poder estrenarse en Estados Unidos, debido a la censura.

Hughes
compró en 1948 la famosa productora RKO, desde donde protegió la carrera de Katharine Hepburn, una estrella admirada en Broadway pero a la que los productores de Hollywood consideraban -según el argot profesional-«veneno para la taquilla». En sus memorias, Hepburn escribió: «Howard y yo formábamos una extraña pareja», aunque admitía sentirse locamente enamorada de él. Y luego se mostraba muy irónica al describir el final de su relación. Tras el terrible huracán de 1938, que devastó la casa familiar de Hepburn, «Howard envió a un piloto de avión con agua envasada... y supe que él y yo habíamos dejado de ser amantes, pasando a ser amigos. El amor se había convertido en agua. Agua pura, pero agua».

El cine ya se había ocupado en diversas ocasiones de la figura del multimillonario a quien Hollywood consideró un intruso. Por azares no del destino sino del gran guionista y director Joseph L. Mankiewicz, Ava Gardner, amante de Hughes, ascendía al estrellato en «La condesa descalza» gracias a un joven, impertinente y ambicioso productor, al que soportaba un veterano director interpretado por Humphrey Bogart.

En «Melvin
y Howard» (1980), Jonathan Demme mostraba a un anciano vagabundo (Jason Robards, aspirante al Oscar por su trabajo) que decía ser Howard Hughes. Su figura también apareció bajo los rasgos de Dean Stockwell en «Tucker, el hombre y su sueño» (1989), de Coppola. Por su parte, Tommy Lee Jones encarnó en 1977 su figura en la miniserie televisiva «El asombroso Mr. Hughes».

Los últimos 22 años en la vida de Hughes fueron un misterio. Acuciado por escándalos económicos, residió durante algún tiempo en Nicaragua, bajo la protección del dictador Somoza. Para entonces ya era un ser solitario, hipocondriaco y huraño, poseedor de un imperio cuyos hilos movía en la sombra.

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