«Ciudá», una
de las obras
que integran
«Xul Solar-
Visiones y
Revelaciones»,
excelente
muestra que se
propone un
abordaje no
tradicional de
un artista que
se adelantó a
su tiempo.
Sin contar los libros de Osvaldo Svanascini, Aldo Pellegrini, Jorge López Anaya, Mario Gradowczyk, ensayos, artículos periodísticos argentinos y extranjeros, exposiciones individuales y colectivas además de casi 35 muestras póstumas, ¿es todavía posible una nueva lectura sobre Xul Solar (1887-1963)?. En su carácter de pintor inasible, su complejidad es de tal magnitud que despierta el interés y la fascinación tanto en aquellos que pueden penetrar en ella como en los que sólo pueden acceder a la exterioridad de su pintura.
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Esta nueva lectura en la actual exposición retrospectiva «Xul Solar-Visiones y Revelaciones», es un proyecto curatorial de Patricia Artundo que ha elaborado un extenso y erudito estudio investigativo con la colaboración de especialistas como Jorge Schwartz, Daniel Nelson, Cintia Cristiá, María Lucía Bastos Kern, Annick Louis y cronología de Teresa Tedín cuyos textos se publican en el excelente catálogo (españolinglés y portugués-inglés) que cuenta además con reproducciones a color de las obras.
Se propone un abordaje no tradicional a un Xul Solar considerado esotérico y ocultista y a partir de 1924, como iniciado. Esotérico y sus derivativos presuponen, según Joscelyn Codwin, el propósito de penetrar el significado de la superficie para alcanzar un conocimiento secreto y superior y en cuanto al ocultismo es la búsqueda de la ciencia oculta como oposición deliberada a las creencias del materialismo científico del siglo XIX. Se han reunido pinturas, la mayoría no exhibidas anteriormente, objetos, manuscritos, documentos, libros y folletos pertenecientes a su archivo personal de una biblioteca que Borges admiraba. Se incluyen obras de la Fundación Pan Club, Museo Xul Solar, Museo Provincial de Bellas Artes de La plata, colecciones públicas y privadas, Malba-Colección Constantini donde se exhibirán hasta el 15 de agosto. Asimismo cabe destacar que esta muestra es una coproducción entre este museo y la Pinacoteca del Estado de San Pablo que la expondrá durante septiembre y octubre.
Organizada en diferentes núcleos temáticos, el espectador puede recorrer desde las primeras obras de comienzos de la década de 1910 hasta aquellas de los años '60 bajo los títulos «Viaje: Europa»; «Arquitectura y Diseño»; «Teatro y Vida Moderna»;»Nombrar las cosas»; «Sincretismo religioso e intelectual»; «Nuevo mundo»; «Visiones y revelaciones»; «Las ciudades y sus habitantes»;»Primeras Grafías-Todo Escrito»; «Nuevas formas de religiosidad»; «Xul y la música»; «Una suma de conocimiento»; «Nuevos espacios comunitarios» y «Grafías Plastiútiles».
El viaje a Europa en 1912 de la que regresó recién en 1924 con su amigo Pettoruti, se convirtió en un viaje iniciático, eran momentos decisivos para su arte considerando que abrevó en los nuevos lenguajes y propuestas de los primeros años del siglo XX. En Londres conoce a figuras clave del ocultismo, se conecta con distintas logias de la Sociedad teosófica, en Munich se relaciona, entre otros, con místicos, gnósticos, taoístas, en Sttutgart con el fundador de la antroposofía, Rudolph Steiner. Hace frecuentes visitas al Museo Egizio de Turín que atesora miles de piezas sobre la vida en el Egipto faraónico y en París conoce al ocultista inglés Aleister Crowley, un encuentro trascendente y de quien aprendió a llevar un registro diario de sus «visiones».
La obra de Xul es de gran belleza y delicadeza, trasciende lo meramente estético y en ella se impone su mundo interior. La composición lleva al terreno de lo imaginario, de lo fantástico, de lo onírico. Sus arquitecturas se elevan, de ellas no está ausente la fantasía, por ejemplo, salas o palacios de cristal pero en relación directa con la cultura, es decir, su deseo de llevarla a un nivel superior, también una utopía acerca de las ciudades del futuro. Xul incorporó palabras a su pintura, hecho que se enlaza con el neocriollo, con su panlengua, con la idea de unificación de América Latina, con su ingreso, al regresar de Europa, a la vanguardia martinfierrista y su lanzamiento de «confraternidad intelectual entre los jóvenes de nuestros países».
La escritura es clave y como lo señala Artundo en su ensayo curatorial, «las obras de comienzos de la década del 30, representan una etapa más en el proceso de traducción de la escritura a la pintura, cada una con códigos propios». El Tarot, el panajedrez, la música, sus Zodíacos, los retratos que definen al retratado según su signo, el I-Ching, el armonio con teclado modificado para una escala musical propia son otras de las creaciones de este «artista cosmopolita, ciudadano del cosmos», así definido por Borges. Cuando en 1975 se le preguntó a su esposa Lita por qué Xul definía sus textos como «Visiones» contestó: «Han sido encontradas en meditación, rezando, alcanzando un determinado clima espiritual y la gente tiene que prepararse, la obra de Xul es más para nuestro futuro que para nuestro presente». Quizás en 2025 el hombre vuelva a encontrar lo espiritual en el arte.
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